Por Prof. Dr. Raúl Montenegro
Campus Cordoba del Right Livelihood College
FUNAM (Fundación para la defensa del ambiente)
FUNAM (Simple Asociación en defensa del ambiente)
Córdoba, Argentina, 12 de Mayo de 2026.
Biólogo argentino califica de “ignorante e irresponsable” al presidente Javier Milei “por borrar Argentina de la Organización Mundial de la Salud (OMS)”. Exigió se revea con urgencia la medida, que nuestro país vuelva a ser miembro, y cese la destrucción del sistema sanitario, universitario y científico del país.
El Dr. Raúl Montenegro, que recibió el premio Nobel Alternativo en Suecia, extendió su calificativo de “ignorantes e irresponsables” a los legisladores del oficialismo y dialoguistas “que acompañan con su voto los disparates destructivos del presidente”.
Documento abierto para su libre circulación, elaborado por el Prof. Dr. Raúl Montenegro, Biólogo [1]
En los últimos 3.300 años la humanidad sufrió unas 260 epidemias y pandemias provocadas por virus y bacterias que ocasionaron en conjunto, estimativamente, más de 1.000 millones de muertes. El coronavirus que causó la pandemia iniciada en 2019, el SARS-CoV-2, mató entre 7 y 38 millones de personas, mientras que la pandemia anterior más reciente, la mal llamada “gripe española” de 1918-1920, provocada por el virus de influenza A/H1H1, produjo entre 25 y 50 millones de muertes.
El Hantavirus Andes Sur ha encendido una pequeña luz roja, no tanto por su capacidad de reproducción, relativamente baja, sino porque le ha hecho recordar, a una humanidad olvidadiza, que en cualquier momento puede sorprendernos un virus tan exitoso como letal [2]. No es el caso del Hantavirus Andes Sur, con un valor reproductivo bajo, R = 1, diferente del elevado R = 5 del coronavirus que provocó la pandemia de COVID-19. Pero sirve para probar nuestra preparación o nuestra desidia para enfrentar la próxima pandemia.
Cuanto más se rompen los ambientes naturales y sus mecanismos internos de funcionamiento, mayor la probabilidad de que virus y bacterias, que circulaban antes por cadenas alimentarias aisladas de las nuestras, prueben con la especie humana. Y puede suceder que esos microrganismos “liberados”, invisibles para nosotros, tengan eventualmente éxito, favorecido por poblaciones humanas que viven en más de 10.000 grandes ciudades y 4 millones de pueblos y aldeas, y sistemas de transporte mundial que aceleran el desplazamiento de personas portadoras. Recordemos que solamente a nivel de aviación comercial se producen por día entre 50.000 y 60.000 vuelos, y que en un momento dado puede haber entre 12.000 y 20.000 aviones volando simultáneamente. Los virus viajan en sus huéspedes humanos por aire, por mar, por ríos y por ruta. Las personas portadoras de virus y bacterias patógenas, que en la edad media viajaban a pie o en carro, tardando días, semanas o meses para llegar a destino, hoy vuelan de un país a otro en apenas horas. En el siglo XXI la rápida velocidad de expansión de los virus patógenos exitosos, inédita en comparación con tiempos anteriores, más la presencia de poblaciones humanas en toda la biosfera, reduce dramáticamente los márgenes para conocer, predecir y actuar.
Las guerras y en general los conflictos armados, pero también las crisis económicas de los países, construyen además escenarios especialmente vulnerables a las pandemias. En un país muy pobre y desigual, o en un país en guerra, los sistemas de salud colapsan, y la salud preventiva difícilmente pueda practicarse. En este contexto, Argentina tiene hoy -gracias a Milei- una de las mayores vulnerabilidades sanitarias de su historia ante eventuales pandemias.
La guerra entre Ucrania y Rusia, el genocidio de Gaza en Palestina, la guerra civil en Sudán, la violencia étnica y política en varios países africanos, el ilegal ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán, el desajuste del comercio internacional como resultado de la guerra en el estrecho de Ormuz, agravarían cualquier epidemia o pandemia que se declarase. El gasto en armamento, las tensiones internacionales de todo tipo, y la incapacidad de los líderes para gobernar con sensibilidad social y sanitaria, son los mejores aliados involuntarios que tienen los virus y las bacterias patógenas.
Abandonar la OMS fue una decisión abominable.
Cuesta creer que la pandemia por COVID-19, tan reciente, y con tantas víctimas, cuyo virus sigue circulando a pequeña escala, no haya servido para que algunos presidentes y altos funcionarios entendieran lo que significan, y cómo están relacionadas entre sí, la prevención, la vigilancia epidemiológica, la salud pública, la pobreza, los alimentos sanos, los salarios dignos, la vacunación masiva, la buena ciencia, la educación, los conocimientos, los investigadores, los profesionales de la salud, las universidades, las organizaciones comunitarias, y los controles estatales para proteger la salud y el ambiente. Muy por el contrario, en Argentina seguimos en manos de ignorantes que manejan la “timba” financiera dentro de un ministerio de Pseudoeconomía, de funcionarios que acaparan los privilegios pagados por nuestros impuestos, y de un presidente que no cree ni en las vacunas, ni en el cambio climático global.
El brote epidémico por Hantavirus Andes Sur en un crucero holandés tuvo sus orígenes, casi seguramente, en poblaciones virales y de roedores colilarga muy bien estudiados que habitan nuestro país. Argentina tiene tanto una virología y virólogos de excelencia, como una epidemiologia y epidemiólogos del máximo nivel. No sucede lo mismo a nivel de presidencia de la nación. En un acto inconsulto y arbitrario, Javier Milei borró nuestro país de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Cuando una pandemia viral se despliega, ese organismo internacional es clave para coordinar acciones entre los 195 países que integran las Naciones Unidas. De poco sirven los acuerdos bilaterales o multilaterales con los cuales el presidente quiere, temerariamente, reemplazar la función integradora de la OMS. ¿Qué la OMS tiene fallas, y podría mejorar su funcionamiento? Sin dudas. Pero en un mundo multipolar, y de países cada vez más desunidos y armados, la OMS es lo mejor que tenemos.
La OMS tenía 194 países miembros, y ahora -con la salida de Estados Unidos y Argentina- sigue siendo un organismo fuerte con 192 miembros. Pero Javier Milei no solo desafilió Argentina del organismo internacional de salud. Al interior del país, y desde diciembre de 2023, este mandatario de ideas confusas viene derrumbando los soportes mismos del sistema sanitario, epidemiológico y de vigilancia ambiental de Argentina. El exceso de poder que tiene cualquier presidente, más el poder adicional que le regalaron varios gobernadores con la excusa de que tuviera “gobernabilidad”, el de Córdoba entre ellos, facilitó el desastre. Desmanteló y desfinanció organismos nacionales de control, hospitales públicos, la estructura del CONICET, las universidades nacionales, el Servicio Meteorológico Nacional y el Instituto Nacional de Semillas (INASE). Cerró el Instituto Nacional de la Agricultura Familiar, Campesina e Indígena (INFACI), y eliminó el fondo que sostenía la ley federal de Bosques Nativos. Pero su motosierra mata y enferma a distancia. Al estrangular económicamente a las provincias, afectó gravemente sus sistemas de salud.
En un acto de barbarie institucional, Milei sigue desobedeciendo las órdenes judiciales para que restablezca el financiamiento de las universidades públicas. Como parte de este comportamiento suicida, peligran los múltiples hospitales universitarios que, desde hace décadas, forman profesionales e instituciones de salud. Un gobierno que destruye los hospitales escuela tira por la borda siglos de trabajo para mejorar la salud pública.
El encierro mental del presidente es de tal gravedad, que cientos de miles de estudiantes, profesores, no docentes y familias enteras que marcharon el 12 de mayo para exigir se cumpla la ley sobre financiamiento de las universidades públicas, en todo el país, era un acto político de la oposición.
Javier Milei no sabe que las raíces más antiguas de nuestros sistemas de salud datan de 1613, cuando se fundó la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), camino que llevó a la creación de su Facultad de Medicina en 1877, precedida por la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires en 1822. Cuesta creer que los hospitales escuela de las universidades, que resistieron todas las crisis imaginables durante tres siglos, hoy corran riesgo de ser cerrados por un presidente ignorante.
El Hospital Nacional de Clínicas de la UNC recibe 20.000 consultas mensuales; 700 internaciones y realiza unas 650 cirugías por mes. Recibe interconsultas y pacientes de distintas regiones del país, y en lo que hace a su parte académica, cuenta con más de 30 cátedras médicas. Como docente de la Maestría en Salud Materno Infantil en la Escuela de Enfermería de la Facultad de Ciencias Médicas, donde enseño y aprendo desde su comienzo en 1994, he visto generaciones de profesionales de la salud incorporando factores ambientales como causas de enfermedades, y trabajando en los lugares más inhóspitos y desamparados de Argentina. Esto parece importarle muy poco al presidente, pero las tareas en terreno de esos maestrandos mejoraron la salud y la vida de miles de personas. Milei tampoco sabe, ni le interesa, el enorme aporte de estudiantes, profesores y no docentes de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Córdoba que, en plena pandemia, arriesgando sus vidas, ayudaron voluntariamente a las víctimas del COVID-19 y sus familiares.
Hoy la mayor parte de los esfuerzos sanitarios de un país colapsan ante un presidente que mira hacia afuera, abre la soberanía del país al mejor postor extranjero, y apoya guerras sanguinarias e ilegales donde mueren niñas, niños, mujeres embarazadas, adultos y mayores inocentes. Duele y enfurece asumirlo, pero tenemos un presidente irresponsable que baila y canta sobre las desgracias de los jubilados, de los discapacitados, y de los que menos tienen.
Javier Milei y los funcionarios que lo acompañan demonizan lo público, pero sin dejar de ordeñar al Estado para alimentar sus costosos privilegios. Personajes siniestros y de escasa cultura popular, como Karina Milei, Luis Caputo, y Federico Sturzenegger, pasarán a la historia por su torpeza serial, y el daño que le hicieron a la salud y la vida de quienes menos tienen. Desarman irresponsablemente al Estado, socialmente indispensable, que, con todos sus defectos, y malas gestiones anteriores, es mejor que la no salud impulsada desde un gobierno peligrosamente insensible. Hay crisis donde se mire. Comunidades indígenas Mbya, cuya salud está asociada a las plantas medicinales, alimentos y naturaleza de sus territorios reconocidos, invadidas impunemente por grandes corporaciones como la chilena Arauco en Misiones. La pobreza acusada de ser la responsable de su pobreza. Los jubilados cortando tratamientos vitales por falta de recursos, y resistiendo los bastonazos de la policía cada vez que se manifiestan para defender sus derechos. Estas son las postales atroces de la Argentina actual. Lamentablemente, para restablecer lo bueno que ya ha sido destruido, serán necesarias décadas de futuros gobiernos sensatos y participativos.
La luz roja encendida por el Hantavirus Andes Sur resignifica necesidades y urgencias ante la abominable decisión de abandonar la OMS, o haber ordenado el retiro de la delegación argentina en la COP 29 sobre Cambio Climático Global. Como si ese cambio no afectara a nuestro país. El cambio climático afecta la salud humana, y a la biodiversidad nativa cada vez más destruida y acorralada. Basta un solo ejemplo. La nueva ley de glaciares, impulsada por Milei, y aprobada por legisladores díscolos, no solamente compromete nuestras fuentes andinas de agua. También amenaza la salud de las generaciones actuales y futuras. Pero para Javier Milei los derechos de las futuras generaciones no existen.
¿El presidente y sus funcionarios son realmente conscientes de que, con los virus y las bacterias patógenas, con los brotes epidémicos, con el ambiente, y con la salud de las personas, no se juega? Un país no es un escenario para que un presidente juegue a ser rockero, ni plataforma de despegue para que oscuras organizaciones derechistas de otros países, que reivindican las violaciones a derechos humanos, y el autoritarismo, le otorguen dudosos e irrelevantes premios.
Urge que las personas e instituciones de Argentina usen todos los mecanismos que les confiere la Constitución, las Convenciones y las leyes del país, para que Argentina vuelva a forma parte de la OMS. Para que Argentina ayude a mejorar la OMS. Para que el pueblo controle los desatinos sanitarios del presidente. Para que Argentina, junto a la OMS, a la Organización Panamericana de la Salud (OPS), y al sistema sanitario que tanto ha destruido Javier Milei, pueda seguir disminuyendo la morbilidad y la mortalidad de los argentinos, y estemos mejor preparados para la inevitable próxima pandemia viral. Porque los presidentes pasan. Pero las pandemias vuelven. Una y otra vez.
Para mayor información comunicarse con:
Prof. Dr. Raúl Montenegro, Biólogo
Teléfono celular y WhatsApp: +54 9 351 5125637
Email: biologomontenegro@gmail.com
Teléfono fijo: 03543 422236
[1] Profesor de postgrado en la Universidad de Buenos Aires, en la Universidad Nacional de Córdoba y en la Universidad Nacional del Comahue. Director del Colegio de los Premiados con el Nobel Alternativo (Right Livelihoo College) y presidente de FUNAM. Premio Nobel Alternativo 2004 recibido en el Parlamento Sueco, en Estocolmo (Suecia). Premio Global 500 de Naciones Unidas (Bélgica). Premio por un Futuro Libre de Nuclear (Austria). Premio a la Investigación Científica (Facultad de Farmacia y Bioquímica, Universidad de Buenos Aires).
[2] El Hantavirus Andes Sur es una especie de la familia Hantaviridae, Orthohantavirus andesense, variante Andes Sur (Sout). Los Hantavirus son virus de ARN monocatenarios negativos. En general, cada especie de virus Hanta está asociada a una sola especie de roedor. En los humanos invadidos generan dos tipos principales de enfermedades: la fiebre hemorrágica con síndrome renal (FHSR), y el síndrome pulmonar por Hantavirus (SPH o SPHV). La FHSR está causada principalmente por Hantavirus presentes en África, Asia y Europa (Hantavirus del Viejo Mundo), mientras que el SPH es producido habitualmente por Hantavirus de las Américas (Hantavirus del Nuevo Mundo). El Hantavirus Andes Sur es el único, hasta ahora, que también puede ser transmitido entre personas.
Imagen: TN





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