“La solidaridad entre nosotros fue lo que nos salvó”

Nicolás Salcito

Propietario y director de Haciendo Camino Ediciones Águila Mora Declarada de Interés Cultural (Res. Nº 2379/14)

mayo 17, 2026

Por Katy García*

Gustavo Tissera, presidente de la asociación de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, reflexiona en torno a los 50 años del golpe de Estado. Tenía 22 años cuando fue detenido, en democracia. Militaba en el PRT-ERP.

A 50 años del Golpe de estado, conversamos con Gustavo Tissera (75) presidente de  la Asociación de  Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas de Córdoba. Está casado con Stella Maris Grafeuille   y tienen cuatro hijos. Lautaro (Arquitecto), Emiliano (Ingeniero civil) María  Esperanza (Comunicadora Social y profesora en acrobacia en telas) y Agustín, deportista profesional, juega al beisbol en la selección argentina y ahora se encuentra en Alemania. “Me siento orgulloso y agradecido de las universidades públicas, gratuitas y de calidad, porque sin ellas mis hijos no habrían podido estudiar. Por eso, hay que defenderlas”, afirmó.

Trabajó en diferentes rubros. En forma independiente como representante de empresas de artículos eléctricos de Buenos Aires en Córdoba, emprendedor y empleado en relación de dependencia. Se jubiló con la mínima.

Acerca de la multitudinaria marcha de los 50 años del inicio de la dictadura cívico militar contra el negacionismo comentó: “Vimos que en la zona del  Patio Olmos no cabíamos. Por eso, la extendimos hasta Tribunales Federales. Sabíamos que iba a ser impresionante. Marcharon  los partidos políticos con nosotros, solo uno no acordó. Pero esperamos seguir trabajando juntos”, expresó.

En el estar de la casa de Familiares rodeados de fotos de las personas que empezaron a dar los primeros pasos en la búsqueda de sus seres queridos, conversamos acerca de estos 50 años.

-Para empezar ¿Dónde te encontrabas el día del golpe de Estado de 1976? 

-El 24 de marzo de 1976, día del golpe de estado genocida, ya me encontraba preso desde hacía dos años en la Unidad Penitenciaria n°1. Era la mejor cárcel del país en cuanto al buen trato. Luego pasó a ser la peor porque se convirtió en un campo de concentración. Es cierto que el terrorismo de estado comenzó antes, pero una cosa fue a nivel nacional, sistemáticamente, con la ferocidad que se hizo, desde el  estado. Otra cosa fue en la provincia de Córdoba, con las bandas de la Tres A y  la famosa  D2 (Departamento de informaciones 2). El terrorismo ya se aplicaba, pero después del ‘76 fue tremendamente superior. No pasé por la D2. Caímos cuando fuimos a recuperar un auto para repartir leche por los barrios. No fui torturado, pero nos detuvieron con otros compañeros.

-¿Eras un joven militante como tantos en esa época? 

-Si, era un militante de base, del Partido Revolucionario  de los Trabajadores – Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP). Fui detenido a los 22 años y salí a los 32.  Después fuimos trasladados a otras cárceles porque había un conflicto de intereses  entre (Luciano Benjamín) Menéndez y (Jorge Rafael) Videla que nos favoreció a nosotros. Porque los compañeros denunciaban lo que estaba ocurriendo en Córdoba y  circulaba la  Carta de Rodolfo Walsh. Menéndez quería matarnos a todos y (Juan Bautista) Sasiaíñ nos decía que no nos pongamos contentos porque lo  harían de a poco.

-¿Cambió todo para los presos políticos?

Así fue, porque todos estábamos a disposición de diferentes jueces.  Algunos ya teníamos la opción para salir del país, pero, cuando los militares se hicieron cargo del lugar bajo el mando del chacal Menéndez te aplicaban las prácticas del terrorismo de estado. Entre abril y octubre fueron fusiladas 31 personas a quienes les aplicaron la ley de fuga. Dos, fueron asesinados dentro de la cárcel.

De la UP1 a recorrer cárceles

A fines de 1976, lo trasladaron a Sierra  Chica. “Nos llamaban los presos de Menéndez de modo que teníamos un trato preferencial, especial”, dice en tono de ironía. Apenas llegaron el director les dijo: “lo único que les vamos a respetar es la vida. Y fue así. Pero muchos no pudieron aguantar y se suicidaron”, evoca.  En esta prisión “rompimos la incomunicación a través del morse. Nos relacionamos con otros pabellones. Golpeábamos con la cuchara de madera la taza donde teníamos el mate cocido. Fue imposible para ellos escuchar el taca taca. Creo que eso fue lo que hizo que nos trasladaran a La Plata, Rawson y de ahí a la Torre de Caseros  “un lugar limpio, con música funcional las 24 horas.  La gente que nos visitaba pensaba que estábamos muy bien. Pero pasaban solo dos temas. Uno de Abba y otro del conjunto Los del Suquía. Eran celdas individuales, muy pequeñas. Salir al recreo era ir a otro salón. No veíamos el sol nunca. Los morochos nos poníamos amarillos y los blancos  transparentes. En cambio en  Rawson las celdas estaban abiertas y podíamos caminar.

Destaca que en todas las prisiones se mantenían “organizados, para el economato y para todo. La solidaridad entre nosotros era enorme y eso fue lo que nos salvó”.  Aclara que no lo detuvieron durante el gobierno de Obregón Cano, antes de que lo intervengan en 1974 . Solo pasó por cuatro comisarías donde fueron torturados, delitos que fueron denunciados. “A esos policías los separaron hasta el Navarrazo, después, uno de los represores fue  condecorado por Mestre. No recuerdo el nombre, pero me enteré que estaba enajenado”.

-Una vez liberado ¿cómo fue tu inserción en la sociedad cordobesa?

Cuando salí, mi compañera que también estaba presa en Río Cuarto, había sido liberada unos tres o  cuatro años antes. Me esperó y se vino a Córdoba. Cuando me dejaron en libertad, pensaba quién se va acordar de mí en el barrio San Vicente; pero, para mi sorpresa estaban todos los vecinos en mi casa esperándome. Fue emocionante. Tuve problemas de adaptación como todos, es normal,  pero se me abrieron tantas  puertas como las que se me cerraron. Era un “subversivo” y todavía estaban los milicos. Al mes, me llega la citación para ser fiscal de mesa en las elecciones. En ese momento, estaba  vendiendo repuestos para una empresa de Buenos Aires y le comenté a uno de los  clientes. Y me dijo ‘Mejor que vayas vos’, y no un comunista.

-Después te sumaste al movimiento de derechos humanos: ¿cómo fue esa experiencia?

La inquietud estaba, pero había que despejarse. En mi caso me costó adaptarme porque por más cosas que hiciera era imposible sobrevivir. Me acerqué al tiempo, conocí a las  viejas que fueron mi faro. Emilia D’ambra y su esposo Santiago “Charo” D’ambra, Keka Moler, Irma Ramacciotti, Rosa Morandini, Josefa Passek (la Pepa), Carmen Cornes (La Gallega) y  la Vero. Uno que militó muchísimo fue Miguelito Apontes -hermano de José Antonio Apontes, desaparecido- que me convenció para que ingrese. Después no volvió, pero sus escritos permanecen. Otro fue Amalio Juan Rey, abogado de presos políticos que nos gestionaba las indemnizaciones y dejaba el 2,5 por ciento de los honorarios y con eso pudimos comprar la sede actual de Familiares.  Tengo el orgullo de haberla acompañado a nuestra Emi, fundadora de la organización. Luego seguí yo. Internamente no hay cargos y cada dos años se renuevan las autoridades.

-Tras una larga lucha de los organismos y el empujón de Néstor Kirchner, comenzaron los juicios de lesa humanidad.

– Familiares, H.I.J.O.S.; Abuelas y Expresos políticos, luchamos contra la impunidad. Indudablemente nos favorecieron los gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina, pero aún si no hubieran existido, en Córdoba hubiéramos llegado por la histórica lucha de las viejas y de nuestros abogados. María Elba Martínez, Eugenio Zanotti, Marité Sánchez, Claudio Orosz, Lyllan Luque y Martín Fresneda.

-La causa de Enterramientos Clandestinos de personas asesinadas en La Perla, avanzó. Hasta ahora el EAAF identificó a 29 desaparecidos. ¿Qué te genera?

-Los organismos junto con el Equipo Argentino de Antropología Forense teníamos la suposición de que los cuerpos habían sido retirados de sus lugares originarios. Este primer paso, demuestra que ha sido así, que fueron enterrados en un principio en la Loma del Torito y en otros sectores. Luego fueron retirados y quedaron numerosos fragmentos. Esa  gran tumba que hemos buscado durante tantos años fue profanada por los mismos genocidas. Ahora, se seguirá con  el trabajo de identificación y el otro será  hallar dónde fueron llevados los cuerpos. Una de las teorías es que fueron colocados en tambores de 200 litros y llevados a las salinas. Esperemos que se pueda seguir investigando hasta que sean encontrados. Porque hoy podemos decir aquí estuvieron, pero ya no están. ¿Y dónde están? Esa es una gran pregunta que tenemos que hacernos, y es el gran desafío  hacia adelante. Ahora, es muy importante recalcar la necesidad  de que toda persona que tenga un familiar desparecido vaya y aporte su gota de sangre para que se realice el ADN.

Finalmente reflexionó sobre el futuro de los derechos humanos a nivel global. “Creo que lo fundamental en este momento es ser consciente de lo que está viviendo el mundo. Estamos en un abismo muy grave. Si  los poderosos no aprenden a respetar los derechos humanos nunca habrá  paz en el mundo. Necesitamos esa paz.  No puede ser que quienes tengan la bomba atómica y más armamento, arrasen con los pueblos y con la civilización. Y las  organizaciones internaciones también deben hacer respetar los convenios existentes”.

Foto: Gustavo y su esposa. Fueron militantes  de base del PRT y expresos políticos. En la pared, Emilia Villares y Santiago D’ambra, en una de las fotos de la muestra que se expone en la sede de Familiares.

*Periodista. Agencia Prensared. Fotos AP.

www.prensared.org.ar

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