La prioridad de los Estados: misiles o escuelas. ¿Dónde va el esfuerzo del ciudadano común?

Nicolás Salcito

Propietario y director de Haciendo Camino Ediciones Águila Mora Declarada de Interés Cultural (Res. Nº 2379/14)

abril 22, 2026

Por Aldo Martín  –  https://aldomartin.ar/

Comparativa del gasto militar mundial en 2026: un mundo de dos velocidades

El panorama del gasto militar en 2026 muestra una brecha profunda entre las superpotencias y el resto del mundo, reflejando prioridades políticas y realidades económicas muy diferentes.

**Estados Unidos** continúa siendo, con diferencia, la potencia con mayor inversión en defensa. Con un presupuesto que alcanza los 901 mil millones de dólares autorizados para el año fiscal 2026, el gigante norteamericano destina aproximadamente el 15% de su presupuesto federal total a gasto militar, lo que representa cerca del 3.3% de su PIB. Estas cifras consolidan a Washington como el líder indiscutible en gasto de defensa global.

**Rusia**, inmersa en su quinto año de guerra con Ucrania, presenta un panorama radicalmente distinto. Aunque su gasto absoluto es muy inferior —unos  187.000 millones de euros, (unos 217.000 millones de dólares) sumando defensa y seguridad nacional, el esfuerzo que supone para su economía es abrumador. El país destina un asombroso 38% de su presupuesto federal total  a partidas militares y de inteligencia, lo que equivale aproximadamente al  6.3% de su PIB.  En términos porcentuales, el esfuerzo bélico ruso multiplica por más de dos y medio al estadounidense en relación al tamaño de su economía.

**China** ocupa un lugar intermedio. Con un presupuesto de defensa que crece un 7% en 2026, alcanzando los 275.000 millones de dólares. Pekín mantiene el gasto militar consistentemente por debajo del 1.5% de su PIB  durante muchos años. Esta contención relativa refleja la estrategia china de priorizar el crecimiento económico sobre el despliegue militar masivo, aunque en términos absolutos su presupuesto es el segundo del mundo.

En el otro extremo del espectro se encuentran países sudamericanos como **Brasil y Argentina**. El gigante sudamericano destina unos 26.300 millones de dólares  a defensa para 2026, una cifra que representa aproximadamente el  1% de su PIB, aunque su ministro de Defensa ha manifestado la necesidad de elevarlo al 2%. Por su parte, **Argentina** presenta el gasto relativo más bajo de la muestra: con un presupuesto que apenas alcanza el 0.55%-0.57% del PIB, el país se mantiene muy alejado incluso de los estándares mínimos regionales.

Este contraste refleja dos modelos contrapuestos: mientras las potencias en conflicto destinan enormes recursos a sus aparatos militares, las economías sudamericanas priorizan otras áreas del gasto público, manteniendo un perfil de defensa mínimo en el contexto internacional actual.

¿En qué gasta nuestros esfuerzos el Estado? Educación vs. Guerra

Mientras los presupuestos militares se disparan, la inversión en educación sigue siendo, en la mayoría de los países analizados, una fracción mucho menor del gasto público. Aquí te muestro las cifras de educación para 2026.

Estados Unidos: mucho gasto absoluto, pero porcentajes moderados

El gigante norteamericano destina aproximadamente 1,4 billones de dólares  a educación en todos los niveles (federal, estatal y local). Esto representa cerca del 6% del PIB y alrededor del 15-20% del presupuesto público total, aunque la inversión por alumno varía enormemente entre estados. A modo de comparación, mientras el gasto militar representa el 3.3% del PIB, el educativo duplica ese esfuerzo en términos relativos. Sin embargo, el país gasta menos porcentaje de su PIB en educación que el promedio de otras naciones desarrolladas.

Rusia: la guerra se come la educación

En Rusia, la situación es drásticamente distinta. Mientras el 38% del presupuesto total se va a defensa y seguridad, la partida educativa apenas alcanza cifras marginales en comparación. Aunque no se dispone de un porcentaje exacto de gasto público en educación para 2026, la abrumadora prioridad militar del Kremlin ha dejado a las partidas sociales —incluyendo educación y salud— con una fracción mínima del presupuesto federal. La economía de guerra rusa ha desviado recursos masivos hacia la industria de defensa.

China: equilibrio relativo

Pekín mantiene una estrategia más equilibrada. China invierte aproximadamente el 3.6% de su PIB en educación, con un crecimiento sostenido que busca mejorar la calidad de su capital humano. Aunque en términos absolutos su gasto militar (275 mil millones de dólares) es el segundo del mundo, el esfuerzo educativo chino ha sido una prioridad constante para sostener su desarrollo económico a largo plazo.

Brasil y Argentina: el peso de las restricciones fiscales

Brasil destina aproximadamente el 5% de su presupuesto público a educación, aunque los recursos por alumno siguen siendo bajos en comparación con los estándares de la OCDE. Argentina, por su parte, invierte alrededor del 4.5% de su PIB en educación —un porcentaje respetable en términos regionales— pero el gasto por estudiante ha sufrido por la crisis económica y la alta inflación. En ambos casos, la inversión educativa supera ampliamente al gasto militar en términos porcentuales, reflejando una priorización distinta a la de las superpotencias.

 India y países escandinavos: un contraste de prioridades

Completo el análisis incorporando a India y las naciones nórdicas. Mientras India realiza un enorme esfuerzo militar creciente, los países escandinavos —Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia— destinan una parte considerable de su PIB a la guerra en Ucrania, aunque con características propias.

 India: entre el gigantismo militar y la pobreza educativa

India presentó en febrero de 2026 su presupuesto de defensa más alto de la historia: 7,85 billones de rupias (unos 94.000 millones de dólares), lo que representa el 14,7% del gasto total del Gobierno central*y el 2% del PIB. El ministro de Defensa, Rajnath Singh, defendió la cifra como un «refuerzo del sistema de defensa del país» tras la Operación Sindoor contra Pakistán en 2025.

El gasto en **educación** en India, sin embargo, ronda el 2,9% del PIB (similar al presupuesto militar), pero la calidad es muy baja: las escuelas rurales carecen de infraestructura básica y la tasa de analfabetismo funcional supera el 30% en algunas regiones. El gobierno indio prioriza claramente la modernización militar —incluyendo cazas Rafale, submarinos y drones sobre la inversión en capital humano.

Países nórdicos: solidaridad occidental con la guerra

Los cinco países nórdicos destinan en conjunto alrededor de 40.000 millones de dólares a defensa en 2026, con especial protagonismo de **Suecia** (que aumentó su gasto al 2,2% del PIB tras ingresar en la OTAN en 2024) y  Finlandia (que roza el 2,5% del PIB por su frontera compartida con Rusia). Dinamarca y Noruega superan también el 2%, mientras que Islandia, sin ejército propio, contribuye con gasto en ciberseguridad y bases de la OTAN.

En educación, los países nórdicos mantienen su tradición de inversión elevada: destinan entre el 6% y el 7,5% de su PIB al sistema educativo, con Finlandia a la cabeza (7,1%). Esto significa que el gasto educativo nórdico triplica en términos relativos al militar, reflejando una prioridad histórica por el bienestar social.

El contraste final

Mientras India y las superpotencias (EEUU, Rusia, China) concentran sus recursos en aparatos militares gigantescos, los países escandinavos demuestran que es posible mantener un gasto defensivo significativo (por la supuesta amenaza rusa) sin sacrificar la inversión educativa. El «modelo nórdico» destina a las escuelas más del triple que a los ejércitos, mientras que India iguala ambas partidas con resultados educativos pobres, y Rusia directamente devora su educación en la guerra. Brasil y Argentina, por su parte, mantienen una inversión educativa superior a la militar, pero con recursos absolutos muy reducidos.

. Al final, la pregunta persiste: ¿en qué queremos que los Estados inviertan el esfuerzo colectivo del ciudadano común?

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