IA: ¿el sueño de Fukuyama o más bien de a quienes respondía?

Nicolás Salcito

Propietario y director de Haciendo Camino Ediciones Águila Mora Declarada de Interés Cultural (Res. Nº 2379/14)

agosto 14, 2026

De jubilados, monumentos-homenajes derribados y funcionarios fascistas.


IA: Inteligencia Artificial.

D.S. Lic. Eugenio Rolón

D. S. Lic. Ernesto Eugenio Rolón

Esp. Lic. Ramón Darío Esteban

Si, a priori, podemos sacar alguna conclusión elemental es que quienes dirigen, quienes ostentan el poder real… aprenden. Antaño, toda herramienta podía ser -y en algunos casos lo fueron- empleadas para fines diametralmente opuestos al modelo capitalista. Desde las armas de fuego en las revoluciones armadas, hasta los medios y formas de comunicación como el teatro, la imprenta, la radio y hasta la televisión. Todos “espacios en disputa” dentro del -en palabras de Edward Said- “verdadero campo de batalla” que constituye la Cultura. Por ello, la idea de forjar herramientas que conlleven intrínsecamente el virus del capitalismo no es nueva y aunque en algunos casos haya fracasado, en otros ha tenido un éxito parcial. Para quienes dudan de que Karl Marx se haya referido a los desarrollos tecnológicos, bastaría leer con detenimiento Miseria de la filosofía y el último libro de El Capital. En ambos, con sus diferencias, Marx formula una cortante crítica a la ilusión de que cualquier desarrollo tecnológico propio del modelo capitalista pueda significar -por sí mismo- una mejora en la calidad de vida de la población en general.

A lo largo de la historia han existido pensadores que analizaron las consecuencias político culturales de los “avances” tecnológicos. Al respecto -parafraseando a Troyano[1]– pretendían sus estudios constituyesen una crítica-advertencia, no un manual de guerra cultural para quienes ostentan el poder real. Sin embargo, desde Juan Carlos Chevez, quien con su Los que se van pretendía generar conciencia a partir de un trabajo científico serio acerca de las especies en peligro de extinción en Argentina y, a su tiempo, terminó por constituirse en la “guía turística” de cazadores furtivos y otros inescrupulosos tan o más peligrosos que éstos; hasta Antonio Gramsci, quien con todo su trabajo intelectual, echaba luces a la “batalla cultural” imprescindible frente al modelo capitalista y, siendo que -parafraseando a Susan George- fueron los grandes cerebros del “imperio del norte”, de Wall Street, quienes lo han leído con ahínco para perpetuar el modelo cultural capitalista.

Si aún le parece que cabe analizar el/los porqué/s de dicha situación, es precisamente ya que uno de los mayores logros en la batalla cultural -por parte de quienes ostentan el poder real- es el de “persuadir” hasta a los auto percibidos progresistas de no leer a Marx y Engels, ni a Lenin y Trotsky, ni a Gramsci y otros pensadores demonizados por la Industria Cultural Capitalista. Al mismo tiempo que quienes constituyen las más valiosas mentes, al servicio de las usinas del modelo cultural capitalista, sí los leen con especial atención; si faltase un ejemplo más que contundente, el mismo Sir Basil Liddell Hart le reconoce a Lenin la base para la estrategia de aproximación indirecta[2].

En los tiempos actuales, existen herramientas forjadas al calor de las fraguas del capitalismo que ya no requieren ser cooptadas, sino solo propagandizadas bajo la idea de armas de doble filo. Ello para aprovechar la inocencia de los sectores de izquierda e inducirlos a su empleo, con la religiosa esperanza de “presentar batalla” munidos de las mismas. Lo que no se advierte es que ambos filos sirven al mismo amo. Tal es el caso de las mal llamadas redes sociales y de las CRIS-PR: verdaderos caballos de troya para aquellos países socialistas.

Jubilados… ¿alguna vez?

Dado que resultan de público conocimiento las medidas que el Ejecutivo de la Nación Argentina -junto con los genuflexos o eufemísticamente llamados “dialoguistas del congreso”- han tomado en detrimento de los jubilados actuales y de los futuros nojubilados, no abundaremos en el tema. Sin embargo -y por si esto fuese poco- cabe preguntarse: ¿la IA también se entrometerá en la determinación de la “edad jubilatoria”?

Ya se encuentran en “etapa de prueba” los rudimentos tecno-científicos que se aplicarán para evaluar en que “estado” llega una persona a la edad jubilatoria. ¿Para qué?: para definir si esta se encuentra en posibilidades de seguir trabajando o no. A partir de lo cual se podrá decidir si es meritorio que se jubile, o si eso constituye un “robo” al Estado.

Si la IA y la nanotecnología son los medios a partir de los cuales se decidirá nuestra aptitud para adquirir el derecho a la jubilación, a partir del conocimiento acerca de cuál porción de nuestro organismo ha envejecido lo suficiente, nos preguntamos: ¿Qué y cuánto falta para que legalicen la tercerización de la evaluación que disponga si somos útiles o, por el contrario, una “carga” para la sociedad? Y, por ende: ¡si es meritorio que se nos aplique la eutanasia no voluntaria! Habiendo comprobado que las CRIS-PR y otros métodos pueden inocularnos enfermedades: ¿todavía somos soberanos de nuestro cuerpo y nuestra vida?

IA, historia reescrita y sentidos comunes: ¿decidimos?

A continuación, ameritan ser analizados dos aspectos: a) la imposición de los sentidos comunes de “progreso” y “avance tecnológico”, con su correspondiente connotación ineludiblemente positiva bajo la cual se elimina la de observación crítica y, con ello, cualquier posibilidad de cuestionar verdadera y profundamente sus objetivos, dejándonos solo la superficial, perimida y pseudo reflexión: “depende de quien la use”. b) El hecho de que el “producto” prescribe: el destinatario, la distribución y las consecuencias de su empleo; es decir, las T.I.C. (Tecnologías para la Información y la Comunicación) no dejan al azar al individuo receptor ni las consecuencias que en éste provocan.

[“Hoy nuestras tecnologías son tan versátiles que nos otorgan el poder de rediseñar lo que llamamos ‘realidad’. Con las tecnologías administrando nuestro tiempo, espacio e identidad…” De Kerckhove, 1999]

Desde las reacciones hasta los análisis ideológicos, desde Ned Lud y Marshall Mcluhan, Michael Shallis hasta Herbert Marcuse y Marc Augé ya se habían enarbolado sendas críticas y advertencias frente al desarrollo tecnológico. De nuestra parte, solo agregar que, las mismas responden al modelo cultural que les da origen y -reiteramos- hoy no se deja librado a la voluntad de quien las emplea, sino que se somete la voluntad de los usuarios hacia su creador: el modelo cultural capitalista; todo ello, permitiéndole creer -al usuario- que aún decide sobre su presente, su rumbo y su futuro, cuando por el contrario se reescribe y tergiversa su pasado y quien no conoce su pasado: mal podrá pensar su futuro.

Desde nuestro humilde punto de análisis, la crítica -si se precia de tal- no versa sobre quién o cómo se emplea la IA sino a que Amo sirve. Con las consecuencias de la reescritura de la historia a manos de esta “tecnología”, se plasmaría el sueño de Fukuyama: el Fin de la Historia; puesto que, llegado un lapso de tiempo, será imposible dar con los hechos reales y por ende la revisión histórica será casi imposible de realizar.

Con el Fin de la Historia o -más precisamente- con el fin del del acceso a la misma, todo, absolutamente TODO estará en jaque, hasta nuestra misma identidad.

Partiendo de la antigua frase popular “para muestra basta un botón”: hoy existen libros “sin autor”, es decir: hechos por IA. Algunos de los cuales emplean los títulos de los clásicos de la literatura. Si esto no constituye la prostitución de las obras humanas… ¿Qué es?

Si a ello sumamos los hechos flagrantes como derrumbar monumentos, estatuas, etc., -tomando por caso el de Osvaldo Bayer- en un intento de quitar todo rastro que permita acceder a la historia: ¿Qué posibilidad de decidir sobre su futuro legamos a las próximas generaciones? En este sentido, sostenemos una vez más: quien desconoce su pasado, mal podrá pensar un futuro que no sea el impuesto y pre-digitado por intereses ajenos y hasta contrapuestos a su bienestar.

¿Quién/es les han proveído del “campo fértil” y más?

El grueso[3] de los elementos que componen las “bases de datos” las han proveído los “gobiernos democráticos”, incluso aquellos autodefinidos como “progresistas” (en Argentina, el de los Kirchner y en la provincia del Chaco, el de Capitanich, con el mentado “gobierno digital”[4] y “conectar igualdad”[5]) a partir de la promocionada: “digitalización del Estado” en su camino a la “modernización” y bajo el viejo sentido común asociado al de “progreso”: “la tecnología es inocente, solo depende de quien la usa”. A esto último ya lo hemos abordado en la introducción: los imperialistas aprenden.

Pero ¿es esta la única consecuencia del “Estado moderno-digital”? No. Por si no fuese poco el depositar todos nuestros datos para que los “administren” compañías como Google y Palantir, entre otras que en definitiva se posicionan como los nuevos gobierno-corporaciones, el -¿todavía?- Estado democrático burgués impone en el ciudadano la obligación de financiar las herramientas que los van a sojuzgar[6] y a emplearlas sin opciones. Esto último, puesto que, tanto para realizar trámites oficiales en los distintos estamentos del Estado y en los Bancos, como para conseguir un turno para ser atendido por el servicio de salud (privado o estatal), acceder al sistema educativo y hasta para conseguir trabajo, se permite y abala la exigencia de contar con celular u otro instrumento tecnológico que permita acceder a “Internet” y los programas digitales que han reemplazado la antes administración “analógica”: personal y en papel.

A su tiempo, esa despersonalización acarrea otras consecuencias: desempleo, ansiedad y otras afecciones del orden psicológico que luego terminan en enfermedades más fácilmente identificables como: úlceras, contracturas, etc., entre otras y sin extendernos aquí en las del orden cognitivo (deterioro de la capacidad de razonar, la mayor de las veces irreversible).

¿Cómo ha sido posible todo esto? I

Bastaría con leer a R. Williams, E. Said o Armand Matelart, o aún mejor: recurrir a Gramsci, para abordar de manera inequívoca la “batalla cultural”. Pero, en la esfera local (Argentina) tenemos a los gobiernos progresistas que creyeron que bajar cuadros era más que suficiente, sin actuar de manera concreta y eficaz para que el pueblo argentino pudiera identificar al verdadero enemigo: el modelo económico-cultural capitalista. Y, a partir de ello, sus lacayos locales: los Martínez de Hoz, los Benegas Lynch, entre otros; además de quienes sirven al mismo fin desde el “lado” de la “cultura de masas”, como ser las personalidades del mundo del espectáculo argentino: Marcelo Tinelli, Cris Morena, Guillermo Franchela, Florencia Peña, entre otros, quienes representan la reproducción de la cultura yanqui y eurocéntrica.

Tampoco constituyen -lamentablemente- una excepción, los perpetradores de la tergiversación de la obra El Eternauta[7]. Quienes, con el fin de llevarla a la pantalla y al decir de Armand Matelart[8]: han pervertido la estructura semiótica de la historieta gráfica original y por ende -al igual que lo ha hecho Disney- cambiado el sentido de la misma.

¿No existen autores locales que lo hayan anticipado? Sí. Uno de ellos fue Carlos Abrevaya[9], quien sostuvo que a partir de la imposición del sentido común: “programas de entretenimiento”, se abalaba la ausencia del control de los contenidos de las emisiones televisivas que aportaban a la propagación del modelo cultural capitalista.

Todo ello, podría haberse previsto -sin la necesidad de leer a los antes mencionados autores- si la población y los funcionarios auto percibidos “progresistas” hubieran interpretado la canción La Clave del grupo de música Las Pelotas: “La clave del éxito es mantenernos dormidos… comiendo basura en paquetes… llorando por la novelita…”. En la cual también, sus creadores, nos advierten de esa doble faceta desde la cual debemos abordar toda batalla cultural: lo que entra por los sentidos y lo que ingresa por la boca en forma de alimentos (que no lo son).

¿Cómo ha sido posible todo esto? II: los términos-conceptos del “posmodernismo”.

Hablamos con todo el cuerpo. Las culturas ágrafas lo sabían muy bien. La palabra es -sobre todo- el resultado de la acción de un cuerpo, de un cuerpo que habla (y que, para ello -eventualmente- piensa). La palabra es entonces el resultado de un cuerpo que utiliza su musculatura y su sistema nervioso para generar condiciones que le permitan pensar (y sentir), a través de la sinapsis.

Aristóteles decía que el hombre es el ser más mimético de los animales: conocemos pareciéndonos a la cosa conocida. Conocemos por metáfora, por la condición de simulacro e imitación que tiene lo metafórico.[10] La mimesis nos permite replicar el hecho vivido o el objeto hallado y esa réplica (signo o símbolo[11]) guarda un registro icónico del cambio, así como de su propia transformación. La pintura, la fotografía y el cine son réplicas, y por ello guardan las condiciones de su propia producción. Pero también son réplicas las palabras, que intentan replicar el orden del sentido, modificando a su paso el orden de la memoria, que también -y en consecuencia- resulta ser: una réplica.

Una publicación de una universidad argentina, sostenía: “Los símbolos son motivadores de la conducta social del individuo, y le permiten conocer cuáles son las pautas conductuales esperadas por el grupo con respecto al rol que está jugando, es decir que los símbolos le están dando al individuo el marco de referencia necesario para su desarrollo dentro del grupo.”[12]

En este sentido, al replicar ciertas pautas de comportamiento, el individuo encuentra un sentido de pertenencia al grupo, encuentra una continuidad. Por lo que, predefiniendo un marco que supusiese signos tales que resultasen en una conducta violenta de quienes son afectados por él, podríamos obtener resultados más o menos previsibles y por ende controlables.

Si de ese mismo marco, a su tiempo, derivasen términos de todo el espectro “pos” o “post”[13] entonces, podemos aseverar que la imposición de esos término-conceptos en la comunicación del vulgo serán los que condicionarán su forma de aprensión de definiciones tergiversadas y por supuesto que su conducta y por lo tanto su libertad no sería tal pero tampoco sería capaz de identificar su carácter de sumisión y si así lo hiciere se reconfortaría pensando que no existe otra opción.

“En el proceso de transmisión del mensaje el individuo hace uso solamente de aquellos símbolos que la sociedad le ofrece, utilizando selectivamente un número limitado de símbolos del todo simbólico a su alcance.”[14] Si al número limitado de símbolos por el medio empleado (llámense: “emoticones”, cantidad escueta de caracteres, u otros comportamientos lingüísticos que se suman a la progresiva disminución de vocabulario empleado) le sumamos los sentidos comunes, términos y sintagmas más generalizados en la actualidad, podremos identificar que ambos filos de esas armas de “comunicación” (redes sociales, etc.) y sus medios físicos, se encuentran a favor de un solo “dueño”: el modelo cultural capitalista.

Entre los casos más comunes podemos mencionar: “olvidate” y “nada”. Estos fenómenos lingüísticos, extremadamente arraigados en el habla cotidiana de estas latitudes, confirman el anhelo de, por un lado: el despojo del pasado y su continuidad en el presente, ya que la idea del olvido en enunciados tan cotidianos como “olvidate, mañana iré a tu casa”, cumple la silenciosa función de tergiversar el sentido de una afirmación (interprétese la suplantación de: “Claro que sí, mañana iré a tu casa”) pero lo hace en favor de la desmemoria, propiciando el verdadero legado posmoderno.

Otro tanto ocurre con “nada”. Es muy común para quienes “disfrutamos” de este tipo de ejercicios, el enumerar cuántas veces las personas utilizan esta palabra al cabo de tres o cuatro frases ¡y el número que registramos es verdaderamente escalofriante!: “nada” se ha convertido posiblemente en el latiguillo o muletilla de mayor utilización en los tiempos en que este análisis se está escribiendo.

De esta manera, la ausencia, la inexistencia y el olvido, se constituyen como parte del nefasto legado lingüístico posmoderno, y el interrogante que cabe aquí es: ¿en qué medida estos comportamientos verbales socaban la posibilidad de engendrar sociedades más conscientes y responsables de su propio devenir histórico? Si, como sostenía Marx: “Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, si no bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado”[15] ¿Cuál es legado lingüístico que los hablantes dejamos a las generaciones que nos sucederán?

Siguiendo con la antes mencionada canción (La Clave): “…desde el sillón / mirando la pantalla / nuca te quejes y nunca digas basta / es la clave del éxito…”

¿Cómo ha sido posible todo esto? III: la materia prima.

A riesgo de ser redundante: (a) el hardware (soporte físico de todo lo digital) lo ha pagado el Estado y el pueblo argentino, la mayor parte endeudándose y así -de paso y “sin querer”- incrementando la dependencia económica tanto individual como estatal; (b) el software (entiéndase “programas” que ejecutan las acciones) también ha sucedido lo mismo que con lo antes mencionado; y, (c) ¡los datos! “privados e inviolables” de los ciudadanos, se los hemos proveído de dos modos: 1- mansamente como corderitos al matadero o -en palabras de B. Brecht- como pececillos voluntariamente camino a las fauces del tiburón “subiendo” nuestros datos a la “nube” y otros para poder incorporarnos a la “edad moderna” o “era digital” que ¿nos facilita la vida? Y -de todas formas- de ser así: ¿a qué costo?; y, 2- “gracias” a la digitalización del Estado que -para quienes deseaban seguir “viviendo de modelo analógico”- supuso un vuelco compulsivo para no “quedar fuera” de los servicios que el Estado y con ello ¡el sistema de salud! a los que supuestamente tenemos un derecho inalienable a acceder (aunque -de facto- la inalienabilidad se somete a la alienación de la digitalización del Estado).

Con todo ello, empresas como Palantir y servicios como el Mosad, la CIA, entre otros cuentan con todos los elementos de cada ciudadano para vigilarlo de modo permanente y para que quienes quieren “ostentar” su privacidad sean livianamente acusados de “querer ocultar algo” y de ese modo poder ejecutar una persecución abierta. Lo mismo le cabe a quienes osan denunciar crímenes de lesa humanidad o se posicionan como real oposición a los intereses imperialistas. En suma, la complicidad -por acción u omisión, por ignorancia o sumisión- de los auto percibidos “progresistas” ha facilitado la persecución de los militantes sociales (en Argentina: “Ley anti terrorista” de por medio, ¡a no hacerse los desentendidos!).

IA: propiedad privada y soberanía. El rol de los gobiernos fascistas-democráticos.

Hasta algunos detractores del comunismo lo reconocen: “el consumismo representa la fórmula posmoderna de la libertad”[16] y por ende el individuo que paga por algo asocia a este hecho la libertad de elegir. Entiéndase: no se permiten reconocer que pueden llegar a erogar ingentes sumas monetarias en cosas que no han elegido -en realidad- libremente. Y el mismo autor prosigue: “en su vida ya no hay rebeliones, puesto que su moral se ha convertido en una ética de reglas de urbanidad o en una mera actitud estética.” Si a esto unimos el estudio de la función estética como decisión premeditada para vaciar de contenido político el arte en sus distintas expresiones; encontramos fácilmente a la actual sociedad en su condición de adocenada, inmóvil ante las injusticias, conformista, violenta con causa (pero no contra la causa) y, por ende, capaz de elegir “libremente” a quien enarbola un discurso cargado de violencia y expresiones peyorativas, al mismo tiempo que afirmaciones contradictorias en sí mismas.

Las corporaciones vinculadas al desarrollo de TIC e IA, pretenden llevar a la realidad de modo legal (entiéndase: legalizar) su gobierno sobre todo cuanto se encuentra en el planeta Tierra y sus alrededores. ¿Es esta afirmación una elucubración de “conspiranoicos”? No. Ya son de público conocimiento la voluntad de gestar espacios físicos dominados por Corporaciones: en Groenlandia, en Roatán de Honduras… y ahora en la Patagonia de Argentina.

La obra del séptimo arte: “Roller Ball” protagonizada por James Caan, ya mostraba un mundo dividido en porciones de territorio gobernado por Corporaciones y ciudadanos cuya calidad de vida dependía de que tan útiles les eran a las mismas. Desde esta perspectiva, se plantea que la calidad de vida va a estar determinado por el “ser digital” que lo represente en ese mundo “virtual” gobernado por la IA (en realidad, por los dueños de la IA). Todo se encontrará supeditado al desempeño de ese ciudadano virtual: la cobertura en materia de salud, el acceso al sistema educativo… y hasta: la propiedad privada de la tierra.

Aquí es donde entra en escena el “antiguo” Estado. Las reformas en materia legislativa otorgarán vía libre a las corporaciones en cuestión:

  1. “libertad” de acción sin controles ni restricciones;
  2. ley de “expropiación” a su servicio para extirpar la endiosada “propiedad privada” de las personas humanas en favor de las personas jurídicas;

Entiéndase: contar no únicamente con territorios propios en sentido geográfico, sino también en materia de gestar sus propias leyes aplicables -en principio- a dichos territorios y quienes los “habiten”.

A su tiempo, al exigirnos el empleo de herramientas digitales asociadas a nuestras identidades digitales (con datos biométricos y demás), el Estado democrático burgués contribuyó al panóptico, que implicó la vigilancia permanente de todo cuanto hacemos y por ende la extinción de la propiedad más privada que hemos ostentado hasta ahora: nuestro derecho a la intimidad.

También se ha extinguido la libertad de tránsito, puesto que existen los peajes (pagar para usar una ruta) y el ineludible pago con medios digitales de algunos de los mismos(ejemplo: el peaje en el viaducto Victoria-Rosario, conexión entre las provincias de Entre Ríos y Santa Fe, en Argentina).

Por ende:

  1. La administración y/o la potestad/gobierno de las principales vías de comunicación y otras porciones de territorios argentinos estarán en manos de las Corporaciones.
  2. Las normas que obren sobre ellos y los ciudadanos serán escritas y gestionadas por la IA o más precisamente por las Corporaciones desarrolladoras de la IA.
  3. Los datos personales “privados” ya se encuentran administrados por servicios de terceros privados.
  4. La misma identidad social como “individual” se encuentra bajo la permanente influencia de las mal llamadas “redes sociales” y por ende bajo los designios de los dueños de las empresas que las sustentan.

Entonces, dadas estas condiciones, podemos preguntarnos: ¿debemos aún pensarnos soberanos?

Todavía alguien pudiera dudar, sin embargo, de que las “nuevas tecnologías” pueden sernos útiles para defender nuestra soberanía, o que esto depende de “en qué manos se encuentren”. Ante ello, basta con mencionar que los aviones recientemente adquiridos para “vigilar” nuestro territorio son de manufactura británica y por ende -al pertenecer a la OTAN- se encuentran dotados de mecanismos de seguridad que pueden ser operados a distancia (por sus constructores por supuesto) y así desactivarlos: ¡dejando de funcionar! Para que quienes los compran no puedan emplearlos en su contra; ejemplo: para recuperar las Malvinas o tan siquiera para recuperar nuestro río Paraná (capitalistamente apodado: hidrovía) con lo cual deberíamos defendernos de los marines yanquis que gentilmente -gracias a Milei y sus séquitos- patrullan nuestra plataforma marina continental. Es decir, no somos libres de usar ni las “armas de fuego” de las que están dotados los aviones que ha comprado la actual administración argentina.

Recurrimos nuevamente al grupo musical Las Pelotas y a un fragmento de su canción La Clave: “… ¿juráis con honor y patriotismo / defendernos cuando ellos quieran? / …” Por si a alguien le queda dudas: ¡defenderemos cuando y de lo que el imperio quiera!

Entonces: ¿se encuentran preparados para ser la nueva carne de cañón? Y ¿Qué tan patriotas se sienten para recuperar nuestra verdadera soberanía: dominio político-militar sobre el territorio, alimentos sanos e independencia energética?

Aquí parece imprescindible recordar que, tanto la autodeterminación como la autarquía son -supuestamente- derechos inalienables. A su tiempo, el último: la autarquía se trata del elemento fundamental que para Aristóteles[17] correspondía a cualquier población que decide por sí mismo; del mismo modo que reconocía a la crematística como el hecho cultural a combatir por implicar que el dinero geste dinero y con ello se gestaría la desigualdad. Todo ello es rescatado y aplicado por Karl Marx y Friedrich Engels en la obra “El Capital”.

A modo de epitafio

Resulta emotivo el cántico: “La patria no se vende, la patria se defiende”. Sin embargo, la realidad es peor: la patria -tanto la Argentina como la gran patria nuestroamericana– ya ha sido mayormente regalada, con todo y sus habitantes adentro.

Por ende, como conclusión debemos abordar la misión de recuperarla. Pero no sin antes preguntarnos: ¿son los gobiernos progresistas -predefinidos y prediseñados por la CIA alrededor del año 1953 como “izquierda suave”- la solución?

IA: las condiciones subjetivas

No nos cabe la menor duda de que quienes ostentan el puesto de titiriteros han leído o -al menos- se rodean de asesores que han leído a Marx y Engels, Lenin y Trotsky y -desde ya que- a Gramsci.

Ello se evidencia en la forma de tomar decisiones a largo plazo y esta no puede ser una excepción. La IA potenciando las consecuencias -a estas alturas indiscutibles- del empleo de las mal llamadas “redes sociales”, los dispositivos que “gentilmente” nos las ponen a disposición y los gobiernos que con “generosidad” nos proveen de internet sin cables (Wi-Fi) no pueden proveer otra cosa que una masa social uniformada[18] y condicionada negativamente en sus capacidades biológicas para razonar y establecer relaciones.

Como último elemento para sumar a la reflexión, agregamos un análisis muy resumido del efecto de la información en las TIC[19], por medio de las cuales supone un incremento cada vez mayor de: VOLUMEN, VELOCIDAD y por ende INSTANTANEIDAD.

Al aumentar el “volumen” (hablamos de cantidad) y la “velocidad” con que esa mayor cantidad de información llega a nosotros, se hace imposible el procesamiento. ¿Por qué decimos esto? La respuesta es de orden biológico, nuestro cerebro tiene un límite físico, tenemos una «memoria de trabajo» en la cual se realiza el primer almacenamiento (almacenamiento temporal, equivalente a lo que en materia informática se denomina «memoria caché»). Luego, la información procesada “pasa” a la «memoria de largo plazo» donde se almacena para su uso permanente; sin embargo, al incrementarse el “volumen” y la “velocidad”, la «memoria de trabajo» se satura y por ende no se produce la transferencia a la «memoria de largo plazo».

Por lo tanto, la información o datos que llegan a nosotros por esos medios se torna «instantánea» y por ello: efímera. Es este carácter instantáneo y efímero de la comunicación el que prescribe/condiciona: 1- falta o merma significativa de libertad de expresión y 2- dificultad severa o ausencia de razonamiento, con lo cual un sujeto se encuentra más predispuesto a incorporar sentidos comunes y por ende resulta más fácilmente manipulable. Todo lo contrario, sucede cuando leemos y escribimos -a mano- en papel.

Sin ahondar en mayores detalles (ausencia de silencios, carencia en el mapeo y ubicación geográfica en el texto, inexistencia de los elementos perceptibles por los sentidos del olfato y el tacto, además de la comunicación corporal, entre otros), podemos afirmar que todo lo anterior responde a una necesidad derivada de una condición.

En primer lugar, la condición: el sistema cultural (político-económico) capitalista no puede evitar la gestación de sucesivas crisis y los métodos capitalistas de subsanarlas para retornar a la rueda del pretendido infinito movimiento del dinero[20]. Por lo cual, esta es -con diferentes matices en los diversos contextos históricos- la condición objetiva. Esto no implica desestimar la necesidad de atender a esos matices para contextualizar la lucha anticapitalista.

En segundo lugar, la necesidad: puesto que el sistema cultural capitalista no puede evitar su “condición”, debe tener el control de la condición subjetiva: los seres humanos. Por ende, si tenemos una población biológica y culturalmente pre-condicionada -con las CRIS-PR como arma biológica y la IA-redes sociales como arma cultural- para inhibirla del razonamiento y así de la observación consciente, la crítica y el establecer relaciones materiales a través del estudio de la historia, tendremos una sociedad que fácilmente puede ser engañada y controlada.

Es en ese tipo de sociedades donde el discurso mediocre, contradictorio y cargado de términos soeces de funcionarios públicos o candidatos a funcionarios públicos puede encontrar una afición entusiasta. Solo en condiciones sociales tan vulnerables, donde los que menos tienen se vuelven contra los que menos tienen y no contra los que los someten a mayores “sacrificios”. Parafraseando a Bertolt Brecht: todos marchan como pececillos felices hacia las fauces del tiburón al ritmo de la “libertad” sin más que munidos de la esperanza del rescate por parte de “las fuerzas del cielo”.

D.S. Lic. Eugenio Rolón

D. S. Lic. Ernesto Eugenio Rolón

Esp. Lic. Ramón Darío Esteban


[1] Apodo de un especialista en tecnología, dedicado al desarrollo de software y afines.

[2] LIDDELL HART, B. (1954). Estrategia. El estudio clásico sobre la estrategia militar. Titivillus editor digital.

[3] La mayor parte de algo.

[4] Plataforma que ha ido tomando distintos nombres pero que se pueden resumir -en la actualidad- en las plataformas digitales “Mi argentina” y “TAD” (Trámites a Distancia); para los cuales es imprescindible depositar nuestros datos biométricos y demás información personal).

[5] Programa del Estado que implicó la distribución de computadoras a los jóvenes en las escuelas.

[6] Esta cuestión ya ha sido abordada por Rolón, Rolón y Esteban en la ponencia: “El modelo logarítmico capitalista para la dominación plena o como aceptamos financiar los instrumentos que nos sojuzgan” brindada en Cuba en el año 2018.

[7] Historieta gráfica redactada por Héctor German Oesterheld y dibujada por Solano López.

[8][8] MATTELART, A.; 2021. Comunicación, cultura y lucha de clases. Génesis de un campo de estudio. (1ra Ed.). Siglo XXI España.

[9] ABREVAYA, C.(1989). Medios locos. Ediciones de la Urraca S.A.

[10] ARISTÓTELES. (2011). Poética. Gredos.

[11] Sobre la relación ideológica entre el signo y la realidad, ver: VOLOSOHINOV, V. (2009). El Marxismo y la filosofía del lenguaje. Godot.

[12] RODRÍGUEZ KAUTH, A. (1968). Interacción y comunicación. En Universidad N°74. Universidad Nacional del Litoral.

[13] Aludimos aquí a la crítica que -con toda razón- enarbola Néstor Kohan frente a todos los estudios “pos” o “post” (posmodernismo, poscolonialismo, entre otros).

[14] RODRÍGUEZ KAUTH, A. (1968). Interacción y comunicación. En Universidad N°74. Universidad Nacional del Litoral.

[15] MARX, K. (2014). El Dieciocho brumario de Luis Bonaparte. En Antología. Siglo XXI Editores.

[16] ROJAS, E. (1995). El hombre light. Una vida sin valores. Editorial Planeta Argentina S.A.I.C.

[17] Aristóteles. (2007). Política. (trad. M. García Valdés). Barcelona: Gredos S.A.

[18] No debemos olvidar que ya se encuentra harto comprobado ¡en los hechos! el efecto uniformador que provee de modo ineludible la mentada “competencia” que promueve el modelo capitalista. Estudios al respecto podemos hallarlos incluso en sociólogos como P. Bourdieu [Bourdieu, P. (2010). La dominación masculina y otros ensayos. Buenos Aires: Anagrama S.A.].

[19] Extraído de la ponencia: “Frente al «caballo de Troya» digital, lectura en papel como política de salud mental” (Rolón, E.E.; Rolón, E y Rolón, E. N.).

[20] Entiéndase: la circulación del dinero que gesta más dinero, sin otra mercancía que el dinero mismo. Es decir: crematística.

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