Por CIMIENTOS PERONISTAS
LAS MALVINAS SON ARGENTINAS
Es que, a veces, el manto de neblina es muy espeso, vió? Y precisa un mundial de fútbol para recordar lo que hay tras él. Fíjese que por más de dos años Milei y su banda no tuvieron empacho alguno en manifestar su desprecio absoluto por la «causa sagrada de los argentinos» que es Malvinas. Y nada.
Como el año pasado, claro descenso de la popularidad del presidente y sus lacayos. Y otra vez necesitó aparecer Trump para espabilarlos a los fines de que aprovechen políticamente lo rescatado del olvido popular. Vamos a ver si esta vez le resulta tan fácil al yankee dar vuelta el cachetazo de Atlanta. Hay algo con potencia terrenal que se suma indómitamente a aquella gesta.
Y es que el hambre de todo tipo que provoca lo cotidiano, es cosa mucho más cercana que las islas. Está ahí mordiendo los talones y picoteando nuestro equilibrio hasta hacer tambalear toda perspectiva de futuro.
Admitamos como cierto que nos está faltando el «trapo» capaz de despertar la dormida conciencia de dueños de la histórica fuerza transformadora nacional. Y también que esta vez la síntesis que provoque ese salir del letargo, tiene que venir acompañada de un efecto duradero.
Bien, para eso se precisa algo más que una figura. Es ésta, más la presencia esclarecida, empoderada y permanente del Pueblo. La mejor arma para derrotar a la canallada ultraliberal. Trabajemos para echarlos pero también para que no vuelvan. Hagamos peronismo.
LAS ELECCIONES EN MARCOS JUÁREZ
Lo ocurrido electoralmente en Marcos Juárez quizá sea algo más que una marca importante en el termómetro de la angustia colectiva. Podría tratarse de una señal que objetivara el reacomodamiento de un pensamiento político otrora lanzado al garete. Sin fundamento común alguno que lo sustentase, y que permitió el actual panorama.
Que esa posible reubicación del entendimiento venga precedida de largos meses de deterioro institucional, social y productivo, se tomaría, así, como el tiempo necesario para el esclarecedor desgorilamiento. Claro que no puede excluirse del análisis, el importante número de ciudadanos y ciudadanas que optaron por no votar. Tal vez esa actitud muestre, por ahora, solo el desencanto con lo oportunamente elegido.
Como fuere, y por evidencias que pueden recogerse diariamente en la calle, el Pueblo está ávido de contención de su dramática inquietud. Una necesidad que no puede satisfacerse sino con una potente luz que alumbre el camino.
La historia de los últimos 80 años dice que esa claridad la aporta el Peronismo. Verdad ésta, combatida artera y permanentemente por los comunicadores del poder concentrado. Pero que está ahí, abriéndose paso trabajosamente para instalarse como la herramienta conceptual y práctica más idónea y accesible, a los fines de recuperar el bienestar general destruido por el ruin y mezquino gobierno de la oligarquía entreguista de la Patria.
En cuanto a su eficacia, lo prueban las gestiones comprometidas con su ideario. Y tomarla como propia es nada más que una consecuencia de la participación y el protagonismo populares.
LA DEBILIDAD DE LOS PERSONALISMOS
Los personalismos incluyen, o derivan en, la ausencia de compromiso en la participación. Y eso termina en la falta de enriquecimiento en la creación colectiva. Pero esto no es todo.
El personaje excluyente carga con todo, inclusive con él mismo. Con sus limitaciones, con sus desvíos, con los supuestos honores de ser lo mejor. Lo insustituible.
Y fuera de él o ella, qué ocurre? Más allá de los adulones que suelen vivir de sus favores, están los hombres y mujeres a quienes se les cierra conceptual y prácticamente la posibilidad de ser protagonistas en la construcción de su futuro. Un pueblo al que la cerrazón del dirigente con poder, y nacido de sus entrañas, lo termina arrinconando en la impotencia.
Juan Domingo Perón, el líder en el que todos los justicialistas nos referenciamos, decía en «Conducción Política» que los Movimientos orientados por una sola persona terminan debilitándose. Habría que darle un poco de bola a quien lo vivido también le enseñó esto.





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