Sobre la Estructura Dual del Ser Humano

Nicolás Salcito

Propietario y director de Haciendo Camino Ediciones Águila Mora Declarada de Interés Cultural (Res. Nº 2379/14)

julio 14, 2026

Por Aldo Martín  –  https://aldomartin.ar/

En todo ser humano conviven dos estructuras que conforman su SER. Podríamos llamar a una de ellas NATURAL o SALVAJE, y a la otra SOCIAL o de CONVIVENCIA. Es importante destacar que estos términos son arbitrarios y los utilizamos solo para facilitar la explicación, pues en cada persona confluyen múltiples modulaciones en variación permanente.

Los Pilares de la Estructura Social

Dentro de la estructura SOCIAL, encontramos tres pilares que sostienen nuestra conducta: Cultural, Moral y Ético. Podríamos decir que lo CULTURAL engloba y sostiene a las otras dos.

¿Qué es la Cultura? En términos sociales, es todo aquello que aceptamos y que los demás aceptan como BIEN, o al menos como algo compartido por la mayoría. Todo lo social es cultura. Podemos resignificar prácticas (como el caso de los Tumberos), pero si no son aceptadas como un «bien», las distinguimos como MAL o como algo distorsionado. Un ejemplo sencillo: en nuestra cultura es inaceptable tener sexo con la madre o el padre, y también es inaceptable salir desnudo a la calle. En contraste, beber alcohol en reuniones sociales es considerado un «bien», aun sabiendo el daño que causa a la salud.

La Moral y sus Binomios: Las culturas forman morales dentro del relacionamiento y comportamiento social. Dentro de lo Moral encontramos: moral, inmoral y amoral.

  • Moral e Inmoral: La moral se define en un binomio de BIEN/MAL, excluyendo siempre un término en función de intereses histórico-sociales, determinados por las fuerzas de un campo particular de luchas.
    • Ejemplo: Es muy raro que en nuestra cultura alguien ponga a sus hijos Abel y Caín. Nuestra moral acepta como bien la convivencia humana y no la negación del otro. Una simple historia trágica ha conformado nuestra moral en este contexto cultural durante más de 5000 años.

La Ética y el Compromiso: Dentro de lo Ético encontramos dos términos: Ético y No Ético. Lo Ético es simplemente asumir un compromiso con uno mismo y/o con los demás componentes sociales. Si rompemos o no respetamos ese compromiso, somos No Éticos. Quien respeta su moral es un ser ético; quien no, es un no ético.

  • Ejemplo: Un médico jura curar a un enfermo y conservar su vida. Eso conforma su Ética Profesional. Pasa a ser un No Ético cuando deja morir a un paciente por no tener dinero para pagar su cura (siempre dentro de un contexto cultural definido).

El Amoral: Una Visión Más Allá

El AMORAL se define como quien tiene una visión más amplia de su contexto cultural y moral. Para entenderlo, podemos observar a los seres no humanos. Los animales no toman compromisos, por lo que resuelven fácilmente la cuestión ética. Ellos no tienen problemas con su naturaleza: pueden tener sexo con su madre o hermana, practicar sexo con su mismo sexo, pelear o compartir comida, o incluso matar a su propia cría. Son seres amorales en el sentido social.

El Amoral es quien entiende esto sin juzgar. Se dice que está más allá del Bien y el Mal. El Amoral acepta y comprende todas las transgresiones a la moral y a lo ético propio, lo que le permite adaptarse a cualquier otra cultura. Va más allá: conforma éticas diferentes al participar de distintas morales. Conformar una ética es un acto pedagógico; el Amoral enseña a formar esa ética acorde a la moral cultural de la que está participando.

La Difícil Tarea del Amoral: Su tarea es muy difícil, pues primero debe tener y comprender una visión del mundo que lo ha formado, entender sus estigmas, para luego DESTRUIRLA. Debe «serruchar las patas» de sus estructuras culturales, morales y éticas, posicionarse en un punto neutro, y construir (y reconstruir) acorde a las circunstancias. Patea su propio tablero, pero no el de la cultura que visita. Si se plantea un paradigma, será solo para él mismo.

El Amoral vs. El Impositor: Para entenderlo mejor, usemos un ejemplo inverso: El conquistador español, al llegar a América, hizo un tipo de docencia con elementos pedagógicos (libros, torturas, sables, balas) para imponer una cultura, una moral y conformar una ética en los nativos. Impuso una estructura de pensamiento y visión del mundo.
En cambio, el Amoral conforma éticas acorde a la moral del universo cultural en que se encuentra, sin imposiciones. Participa, recrea y reformula. No apunta a un fin; deja que el fin ético y la construcción moral se forme del conjunto. Toma los elementos pedagógicos del mismo ambiente al que se adapta, porque no lo juzga, y logra construir entre todos una ética de esa moral no impuesta.


La Síntesis: Los Conceptos Nefastos

¿Y hacia dónde apunta este autor con estas elucubraciones filosóficas? Apunta a tres conceptos que considera nefastosPLAGIO, DERECHOS DE AUTOR y PATENTE, con sus derivados: Royalty y Encriptación.

¿Por qué son nefastos? Porque en nuestra cultura, transgredir estos conceptos (al igual que el de Propiedad Intelectual) es considerado inmoral, no ético e ilegal. Pero, ¿qué significan realmente desde la perspectiva del Amoral?

El Problema del Origen (Plagio y Derechos de Autor): «Plagio» suena a infringir la ley, a cometer un delito si no mencionamos de dónde obtuvimos la idea. Para ilustrar el absurdo, imaginemos que cada vez que digo «mamá» debo aclarar que me lo enseñó mi madre, pagarle un canon por el uso de la palabra, pedir permiso a sus herederos si falleció, o enfrentar un juicio si su patente no ha vencido.
Este absurdo demuestra que todos nuestros actos, lenguaje y pensamientos son productos de una elaboración anterior. Copiamos y quizás reelaboramos para mejorar. ¿Cuál sería mi derecho de autor si mi idea es simplemente una nueva formulación de lo anterior, o una copia (mediocre o excelente) de mi propia cultura u otra?

El Problema de la Exclusividad (Patente y Encriptación): Si dentro de los términos de la patente no me permitieran pronunciar la palabra porque se considera de uso exclusivo (como el diseño de una botella o un software), no podría ni siquiera gesticularla. Con las nuevas tecnologías, ni siquiera podría pensarla. Siguiendo el ejemplo, mi madre, ante el temor de que use la palabra «mamá», podría encriptarla a nivel gubernamental para que nadie sepa qué letras usó y pueda enseñarla a otros.

Conclusión de este Autor: Cambiemos la palabra «mamá» por cualquier otro «producto» y comprenderemos lo nefasto de estos conceptos. Que el actor Bob Hope sea propietario de la Luna para el sistema legal de su gobierno es otro ejemplo de este absurdo. ¿Se atrevería usted a mirarla sin ser acusado de «Acoso Lunar»?

El Llamado a la Libertad: Desde estos conceptos del absurdo, este autor propone que toda idea se puede compartir, enseñar y mejorar de forma libre y espontánea. El Amoral, al comprender que la cultura, moral y ética son construcciones sociales, entiende que estos conceptos de propiedad intelectual son solo una imposición cultural más. Su tarea es, precisamente, «serruchar las patas» de esa estructura para permitir que el conocimiento fluya, se adapte y se reconstruya sin las cadenas de la propiedad y la exclusividad.

Llegados a este punto, y después de haber despotricado contra los derechos de autor y las patentes, el lector atento (y seguramente usted, que me acompaña en esta lectura, me hará una pregunta que es un verdadero puñal: «Pero entonces, según su ideología del AMORAL, ¿estoy habilitado a copiar lo que quiera sin pagar un royal, o eso me convierte en un ser No Ético?»

He aquí el meollo del asunto, y no quiero que nadie se vaya con una idea torcida de lo que estoy planteando. Vamos por partes, usando nuestras propias definiciones.

Primero, la respuesta corta (y dolorosa para mi propio argumento): Dentro de nuestra CULTURA, donde el sistema de patentes es una ley escrita y un compromiso social aceptado por la mayoría, transgredirlo SÍ es un acto NO ÉTICO. Y es INMORAL, porque la MORAL de la sociedad actual cataloga la violación de la propiedad intelectual como un MAL. Si yo, autor de este folletín, me bajo un programa pirateado y no pago, estoy rompiendo un compromiso tácito con los demás componentes de mi sociedad. Punto. Mi estructura social me señalaría con el dedo, y con razón, dentro de su propio tablero.

Pero ojo, aquí viene la sutileza del AMORAL, y no me confunda. Yo hablo de «serruchar las patas» de las estructuras, pero puse una condición ineludible: se serruchan las patas PROPIAS, no las del vecino.

Si usted o yo, para sentirnos libres, decidimos no pagar un royalty y encima nos justificamos diciendo «es que soy Amoral y esto es un absurdo», no estamos siendo Amorales, estamos siendo hipócritas impositivos. ¿Por qué? Porque estaríamos pateando el tablero de la CULTURA que visitamos (la del otro, que sí cree en las patentes) e imponiendo nuestro propio fin (nuestra libertad de copiar). Eso, señor mío, no es docencia ni pedagogía; es la misma actitud del conquistador español con sus balas y sus libros, solo que con un teclado y una excusa filosófica. Es querer destruir el tablero ajeno para construir el mío.

Entonces, ¿qué haría un verdadero AMORAL en mi ejemplo?
El AMORAL, que entiende que esta cultura valora el royalty como un BIEN, la mira y la comprende sin juzgarla. Si necesita usar esa idea, y la norma de esa cultura exige pagar, el AMORAL paga. Y lo hace sin rencor, sin sentirse dominado, porque sabe que esa norma es solo un constructo histórico de un campo de luchas, tan arbitrario como el nombre de Abel y Caín. No paga por miedo al castigo, sino porque entiende que esa es la regla del juego colectivo que él ha decidido observar.

Y si decide NO pagar, por un acto de rebeldía interna, entonces asume las consecuencias sin victimizarse. Si lo demandan y lo multan, acepta el juicio y la condena sin llamar «malvado» al juez, porque sabe que el juez solo está aplicando la MORAL de su propia CULTURA. El AMORAL no necesita justificarse ante los demás; solo ante su propio tablero, que ya ha pateado previamente.

Cuidado con la trampa: Lo que NO puede hacer el AMORAL, so pena de dejar de serlo, es usar esta teoría como un escudo ni como un arma. Si dice «soy Amoral, luego no pago», está haciendo exactamente lo contrario de lo que predico: está apuntando a un FIN (no pagar), está juzgando al que cobra, y está imponiendo su ética por encima de la del conjunto. Eso no es un acto pedagógico, es un acto de fuerza.

Volvamos al ejemplo absurdo de mi madre y la palabra «mamá». Yo puedo pensar que es un delirio que ella patente la palabra, y puedo «serruchar» esa creencia dentro de mi cabeza para no sentirme esclavo de ella. Pero si mi madre (y toda la cultura) decide que para decir «mamá» hay que pagar un canon, y yo voy y lo digo igual sin pagar, no soy un iluminado; soy un infractor. Y el AMORAL asume esa infractoría, la paga o la sufre, pero nunca la erige como una bandera de liberación colectiva.

Conclusión final de este desvarío: La libertad que propongo no es una licencia para robar, es una licencia para entender. El verdadero acto de rebeldía del AMORAL no consiste en saltarse la valla, sino en mirar la valla y saber que es de madera podrida, y aun así, mientras los demás la respeten, él la respeta

Su revolución empieza en su propio cerebro, pero no se queda allí; se la propone como enseñanza a los demás, con la esperanza de que la sociedad, al cambiar su conciencia, acepte este nuevo esquema y, cuando el campo de fuerzas sociales lo permita, reforme incluso las leyes de los juzgados comerciales; mientras tanto, y porque no impone su fin, él respeta las reglas vigentes sin patear el tablero ajeno.

Patea su propio tablero, no el de la cultura que visita. Si quiere copiar, copie, pero no espere que el mundo le aplauda; espere el mundo que ha creado sus propias reglas. Y cuando le caiga el peso de la ley, no se queje: recuerde que usted decidió jugar en ese campo de fuerzas, y que el AMORAL acepta hasta el castigo como parte del paisaje cultural que eligió habitar.

¿Queda claro? Porque si no, tendré que encriptar este mensaje para que nadie lo lea sin pagarme… y entonces sí, yo sería el No Ético.

Traslademos todo esto a las patentes que se paga por toda la tecnología, laboratorios, medicina, energía, etc

Porque una cosa es hablar de la palabra «mamá» o de una botella de gaseosa, y otra muy distinta es meter las manos en el plato caliente: patentes de medicamentos que salvan vidas, reactores nucleares que dan energía, (insuficientes y costosas) o algoritmos que mueven el mundo.

Aquí, el AMORAL no puede esconderse en un «pienso y no hago». Recordemos: conformar una ÉTICA es un acto pedagógico. Su revolución se enseña para que la sociedad cambie su conciencia y, eventualmente, sus leyes. Entonces, ¿qué solución propongo, desde esta óptica, sin patear el tablero ajeno mientras lo pateo?

Vamos al hueso.

Primera distinción que propongo (mi propio tablero): Separar las patentes en dos cajones, aunque la ley actual no lo haga. Un cajón para lo que llamo «Patentes de Necesidad Primaria» (medicina esencial, energía  para generar luz, sistemas de purificación de agua, tecnologías agrícolas para no morir de hambre). Y otro cajón para las «Patentes de Adorno o Confort» (el diseño de una botella, el software de un videojuego, la forma de una zapatilla, los algoritmos que nos venden publicidad).

Mi solución ética, desde el AMORAL, es pedagógica y gradual: no propongo saltarse la ley hoy. Propongo enseñar a la sociedad que, así como nuestra CULTURA acepta que es INMORAL tener sexo con la madre, debería aceptar que es INMORAL que una persona se muera en una camilla porque no puede pagar la «patente» del oxígeno o de la insulina. Eso, querido lector, es llevar el absurdo de la palabra «mamá» a su extremo más sangriento.

La solución concreta que yo, como AMORAL, propondría al conjunto social es esta:

  1. Que la sociedad cree una «Moral de Supervivencia» por encima de la «Moral de Mercado». Es decir, que todo aquello que sea indispensable para la vida humana entre en un régimen de «Licencia Cultural Condicionada».
  2. El inventor (el laboratorio) tiene derecho a cobrar un royalty durante un tiempo justo, pero no a perpetuidad ni con precios de usura. Se le paga por el descubrimiento, sí, pero no se le permite secuestrar la vida del prójimo.
  3. Si el estado o una organización humanitaria quiere fabricar ese medicamento en masa para una crisis, que pague un canon razonable al inventor, pero que no esté a merced de un monopolio que decide quién vive y quién muere.

Pero ojo, y esto es clave: Yo no impongo esto con un sable ni con una bala, como el conquistador. Yo lo propongo como un ejercicio de docencia. Escribo folletines como este, me siento en mesas de café, y le digo a la gente: «Mire, en nuestra CULTURA aceptamos como BIEN que un laboratorio cobre 5.000 dólares por una pastilla que cuesta 5 dólares fabricarla. ¿Por qué? Porque la PATENTE lo protege. Pero si ese mismo laboratorio, en lugar de curar, deja morir a miles en África porque no pagan, ¿no está haciendo exactamente lo mismo que el médico NO ÉTICO que deja morir al pobre en la camilla?»

¿Y qué pasa con la energía nuclear, la inteligencia artificial o las patentes de procesos básicos?
Ahí el AMORAL propone una Ética de Bien Común. Invita a la sociedad a reformular su CULTURA para que estas patentes se gestionen como se gestionan los bienes comunes: con fondos de inversión colectiva donde el inventor recibe su gloria y su justa recompensa, pero el conocimiento, la fórmula y el código fuente pasan a ser de dominio público tras un periodo razonable. Y ese «periodo razonable» debe ser acordado por el conjunto social, no por el dueño de la patente.

El paso práctico (sin patear el tablero ajeno): Mientras la sociedad no acepte este cambio de conciencia, y mientras la ley actual diga que la patente es sagrada, el AMORAL no la viola. Si necesita usar un medicamento patentado para salvar a su hijo, va y paga, aunque se le revuelvan las tripas, porque respeta el tablero del otro. Pero mientras paga, enseña. Escribe, debate, organiza foros. Le dice a sus conciudadanos: «Miren, esto es un absurdo cultural que mató a nuestros abuelos. ¿Por qué no cambiamos esta MORAL?»

Y cuando la mayoría de la sociedad, después de años de esa pedagogía, diga: «Basta, esto es inmoral», entonces el campo de fuerzas sociales se habrá movido. Entonces, y solo entonces, se reforman las leyes en los juzgados comerciales. El AMORAL no espera sentado; siembra la duda, cosecha la nueva ética, y cuando la ley cambia, ya no es una transgresión, es una nueva cultura.

En resumen, mi solución para las patentes graves (medicina, energía, etc.) es:
Distinguir entre lucro y vida. Proponer al conjunto social que acepte un nuevo paradigma: el conocimiento básico para sobrevivir es patrimonio de la humanidad, y el inventor es un héroe al que recompensamos, pero al que no le damos las llaves de la cárcel de los demás.

Y mientras esa propuesta no sea ley, pago, pero no callo. Porque esa es mi ética: respetar el tablero ajeno, pero darle un martillo simbólico al vecino para que, cuando quiera, juntos decidamos cambiar el diseño del tablero. No lo rompo, lo reconstruyo. Esa es la tarea del AMORAL. ¿Difícil? Claro. Por eso dije que era «tarea muy difícil». Pero es la única que no me convierte en un conquistador ni en un esclavo.

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