Por Aldo Martín – https://aldomartin.ar/
Si hoy, a las 8 de la noche (hora local), Estados Unidos e Israel llevaran a cabo ataques masivos sobre Irán con el objetivo declarado de «dejarlo en la Edad de Piedra», y cabe preguntarse ¿si Irán decidiera hacer detonar su planta de energía atómica de Bushehr (o cualquier instalación nuclear)? Entonces las consecuencias serían catastróficas para toda la región del Golfo Pérsico:
Nube radioactiva: El viento predominante en el Golfo sopla hacia el sur-sureste. Una explosión o fusión del núcleo de Bushehr liberaría isótopos como Cesio-137 y Yodo-131.
Países afectados: En menos de 48 horas, la pluma radiactiva alcanzaría Kuwait, Arabia Saudita (zona oriental), Baréin, Catar, Emiratos Árabes Unidos y el sur de Irak. Millones de civiles quedarían expuestos.
Consecuencias sanitarias: Aumento masivo de cánceres (tiroides, leucemia), malformaciones congénitas, contaminación de agua y alimentos por décadas. La zona se volvería inhabitable en amplias extensiones.
Efecto dominó: Colapso de la producción petrolera del Golfo (el 20% del suministro mundial), crisis energética global, maremoto de refugiados hacia Omán y Yemen, y posible intervención de otras potencias nucleares (India, Pakistán, China).
Llamado humanitario: Ningún objetivo político o militar justifica una «solución» que destruya completamente un país como Irán o que envenene a millones de inocentes y destruya el equilibrio ecológico de una región entera.
Apología de la paz y la diplomacia para evitar el horror
Manifiesto por la desescalada en el Golfo
A quienes planean el ataque y a quienes podrían accionar la detonación nuclear:
La venganza radiactiva no es valentía, es suicidio colectivo disfrazado de orgullo. Si hoy a las 20 h destruyen Irán, habrá niños con quemaduras, civiles sin hospitales, sin agua, sin alimentos, médicos sin luz y si Irán responde fundiendo su reactor, no habrá vencedores. Habrá niños con quemaduras por lluvia negra en Dubái, pescadores muertos en Bandar Abbas, y un mar Arábigo contaminado por generaciones.
La Edad de Piedra no se alcanza con bombas; se alcanza cuando la diplomacia muere asfixiada por el odio.
Aún están a tiempo: retiren los misiles, envíen inspectores de la OIEA, negocien bajo la luz del sol y no bajo el resplandor cegador de bombas o de un accidente nuclear provocado.
El Golfo no merece convertirse en un cementerio radiactivo. Los pueblos de Irán, de Israel, de Estados Unidos y de los Emiratos merecen despertar mañana sin el sabor a yodo en el aire.
Elijan la paz imperfecta antes que la victoria destructiva o radiactiva.





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