Por Aldo Martín – https://aldomartin.ar/
Lo que está ocurriendo en Oriente Medio en este momento es de una gravedad que los comunicados militares y las cifras estratégicas no terminan de reflejar.
El peso invisible de cada número
Hay una forma en que los conflictos bélicos son contados: portaaviones, divisiones aerotransportadas, misiles de crucero, objetivos neutralizados. Estados Unidos mantiene hoy el mayor despliegue militar en Oriente Medio desde la guerra de Irak, con dos grupos de ataque de portaaviones, decenas de aviones de combate y miles de efectivos terrestres en una región que ya lleva semanas ardiendo. Son cifras que impresionan, que transmiten poder y determinación. Pero detrás de cada cifra estratégica hay otra cifra que se menciona menos: la del costo en vidas humanas.
Desde el inicio de las hostilidades el 28 de febrero, el recuento de víctimas ha alcanzado cerca de 1.560 muertos, entre ellos al menos 210 menores de edad. Uno podría detenerse a leer ese número y seguir leyendo. Pero vale la pena no hacerlo. Vale la pena quedarse un momento con él.
Más de doscientos niños muertos en menos de un mes
Entre los fallecidos se cuentan 168 estudiantes de una escuela femenina en Minab. Niñas que ese día fueron a clase. La mañana del 28 de febrero, miles de personas en Teherán, Qom, Tabriz y otras ciudades iraníes despertaron bajo los bombardeos. No hubo aviso. Los ataques comenzaron mientras estaban en curso negociaciones diplomáticas, mientras delegados de ambas partes aún creían que había margen para evitar la guerra.
El cuerpo que no es objetivo
Más de 18.000 civiles han resultado heridos, y más de 70.000 estructuras civiles —viviendas, comercios, escuelas, infraestructuras esenciales— han sido dañadas. Entre los daños reportados figuran 251 centros médicos, 498 escuelas y 17 instalaciones de la Media Luna Roja. Cada uno de esos centros médicos atacado es una sala de urgencias que ya no funciona, un médico que ya no puede atender a los heridos que llegan, una madre que no encuentra dónde llevar a su hijo.
Reportes del Creciente Rojo iraní estiman que más de 20.000 infraestructuras civiles, entre ellas 16.000 unidades residenciales, han sido afectadas. Una unidad residencial es un hogar. Un lugar donde alguien guardaba sus cosas, dormía, cocinaba, discutía con sus hijos sobre si habían hecho los deberes.
Trabajadores humanitarios de la Media Luna Roja fueron heridos en un ataque mientras prestaban socorro cerca de Teherán. Uno de ellos relató: sintió los aviones sobrevolando y las explosiones, y la tercera ola lo levantó del suelo. Eran socorristas. Personas que habían ido a ayudar.
El éxodo silencioso
Entre 600.000 y un millón de hogares —aproximadamente 3,2 millones de personas— han sido desplazadas temporalmente dentro de Irán, la mayoría huyendo de Teherán hacia zonas rurales del norte. Tres millones de personas cargando lo que pueden, sin saber cuándo podrán volver, ni si habrá algo a lo que volver.
El conflicto no se limita a las fronteras iraníes. En Líbano, al menos 968 personas han muerto desde que Israel comenzó a atacarlo, incluyendo 116 niños. En Kuwait, entre los fallecidos está una niña de 11 años que murió al caerle metralla en una zona residencial. En los Emiratos, en Omán, en Baréin: la guerra derrama sus consecuencias más allá de los frentes declarados.
Lo que advierten quienes cuidan
Amnistía Internacional ha señalado que los ataques de todas las partes están alcanzando escuelas, hospitales, viviendas y otras infraestructuras esenciales, lo que puede constituir crímenes de guerra. No es un lenguaje político: es el lenguaje del derecho internacional humanitario, construido precisamente para que haya un límite que no se cruce.
El jefe humanitario de la ONU, Tom Fletcher, advirtió que si el conflicto se prolonga, los precios de los alimentos se dispararán, los sistemas de salud se verán afectados y los suministros básicos se reducirán en los países que dependen de las importaciones. No habla de Irán solamente. Habla de toda una región interconectada donde millones de personas viven de lo que entra por el mar, por las rutas que ahora están bloqueadas o en llamas.
El director general de la OMS, Tedros Ghebreyesus, lamentó la muerte de tres paramédicos en el Líbano mientras auxiliaban a heridos, y recordó que los trabajadores de la salud, las instalaciones médicas y los pacientes deben ser protegidos por el derecho internacional humanitario.
Lo que los números no dicen
Hay algo que ningún balance oficial puede medir: el miedo acumulado noche tras noche. La decisión de no ir al hospital porque el camino es peligroso. La madre que abraza a su hijo sin saber si al día siguiente el vecindario seguirá en pie. El médico que opera a la luz de una linterna porque la electricidad lleva días cortada. El maestro que no tiene a dónde llevar a sus alumnos porque la escuela ya no existe.
Los conflictos modernos se presentan con una narrativa de precisión y eficiencia. Pero la precisión tiene límites cuando las ciudades son densas, cuando los misiles fallan, cuando los radares confunden una escuela con un objetivo militar. Y la eficiencia siempre tiene un costo que alguien, en algún lugar, paga con su cuerpo o con el de alguien que ama.
Mientras los estrategas miden el conflicto en objetivos alcanzados y capacidades degradadas, en Teherán, en Beirut, en Minab, hay personas mirando hacia el cielo con el estómago apretado, esperando que el próximo ruido sea solo el viento.
Eso también es la guerra. Y quizás sea la parte más importante de entenderla.





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