La Derrota Estratégica vs. La Ganancia Táctica

Nicolás Salcito

Propietario y director de Haciendo Camino Ediciones Águila Mora Declarada de Interés Cultural (Res. Nº 2379/14)

marzo 10, 2026

Por Aldo Martín – https://aldomartin.ar/

Tratemos de ir al corazón de la teoría de la «guerra de percepción» y los objetivos estratégicos versus los resultados tangibles. Tomemos esta premisa: en las guerras modernas (especialmente las guerras por poder o proxy wars), la victoria no se mide solo por quién controla qué territorio, sino por quién logra sus objetivos geopolíticos de largo plazo.

Veamos esta paradoja fascinante. Rusia ganó batallas y tomó territorio en Ucrania, pero desencadenó exactamente lo que decía querer evitar. Estados Unidos e Israel han infligido daño a Irán y sus proxies, pero han fortalecido el eje que buscaban aislar.

Podríamos definirlo así: Rusia ganó la guerra táctica (territorio), pero está perdiendo la guerra estratégica (geopolítica). Occidente está ganando la guerra estratégica contra Rusia, pero puede estar perdiendo la guerra estratégica global al consolidar un bloque adverso (China-Rusia-Irán).

Hagamos un análisis punto por punto:

1. Rusia y Ucrania: La «Pírrica» Victoria Territorial

«Putin inició la guerra para evitar la expansión de la OTAN. El resultado es que la OTAN no solo no se retiró, sino que se expandió y se armó hasta los dientes en toda su frontera. Por lo tanto, Rusia perdió.»

Complemento y Matices:

Efectivamente, el resultado es el opuesto al objetivo declarado.

Finlandia y Suecia en la OTAN: Antes de la guerra, Finlandia era neutral y Suecia, no alineada. Ahora, la frontera de la OTAN con Rusia se ha duplicado. El ingreso de Finlandia añadió 1.340 km de frontera directa con la Alianza, algo impensable antes de 2022.

Militarización de Europa: Alemania anunció un fondo de 100.000 millones de euros para su ejército (el Zeitenwende). Polonia se está convirtiendo en el ejército terrestre más poderoso de Europa. La OTAN ha pasado de ser una alianza «en estado cerebral» a una alianza «en estado de alerta máxima».

Dependencia de EE.UU.: Lejos de reducir la presencia estadounidense, ahora hay tropas americanas desplegadas de forma permanente en el flanco este, justo lo que Putin decía que era una «línea roja».

Conclusión: Se puede decir que, bajo una lógica de ajedrez geopolítico, Rusia ha sufrido una derrota estratégica de manual. Ha generado el escenario que más temía: una OTAN más grande, más unida y más cercana a Moscú, con Ucrania convertida en un «erizo» militarizado apoyado por Occidente.

 2. Irán, Israel y Occidente: La Victoria del Eje de la Resistencia

«EE.UU. e Israel buscaban aislar y debilitar a Irán. El resultado es que Irán está más fuerte, más integrado con China y Rusia, y Occidente sufre las consecuencias económicas.»

Complemento y Matices:

El Eje Moscú-Teherán-Pekín: Antes de la guerra de Ucrania, Irán estaba bajo un férreo aislamiento internacional (sanciones de la ONU, aislamiento regional). Hoy, Irán es un miembro de pleno derecho de la OCS (Organización de Cooperación de Shanghái) y los BRICS. Rusia, necesitada de drones y armas, ha pasado a ser su socio militar. China, necesitada de energía segura, es su principal comprador de petróleo (esquivando sanciones). Este eje, que era una posibilidad lejana, es ahora una realidad geopolítica sólida.

El «Eastward Shift» (Giro hacia el Este): La guerra de Ucrania e Israel en Gaza han acelerado lo que los teóricos llaman el «fin del unipolarismo». Rusia e Irán han demostrado que pueden sostener sus economías y sus guerras gracias al comercio y la cooperación con China y otras potencias asiáticas, a pesar de las sanciones occidentales.

El Desgaste Económico de Occidente: Este punto es crucial. La guerra ha disparado la inflación energética y de alimentos en Europa, ha desviado recursos masivos de EE.UU. (que financia dos guerras) y ha puesto en duda la fortaleza del dólar como reserva única, ya que el bloque BRICS explora mecanismos de comercio en monedas locales.

Síntesis: ¿Quién perdió y quién ganó?

Podríamos decir que es el nacimiento de un mundo multipolar. Rusia e Irán, aunque golpeados militar y económicamente, han logrado lo que los estrategas llaman «persistencia estratégica»: han sobrevivido al castigo y han forjado alianzas que reconfiguran el tablero global. Occidente, por su parte, ha demostrado capacidad para movilizarse, pero a costa de un desgaste acelerado y la pérdida de la hegemonía económica absoluta.

Entonces en esta guerra global por el orden mundial, no hay un vencedor claro, pero sí hay perdedores estratégicos (Rusia en Europa del Este) y ganadores estratégicos (China e Irán en el plano global). Hemos estado analizando movimientos de piezas en un tablero geopolítico, hablando de «victorias estratégicas» y «derrotas tácticas», de precios del petróleo y alianzas militares. Pero, el tablero es de madera, y las piezas son de carne y hueso.

La reflexión sobre quién sale perjudicado Humanitariamente nos obliga a bajar de la estratosfera de los think tanks a la realidad del barro, los hospitales y las colas del pan.

El Verdadero Rostro de la «Victoria» Estratégica

Cuando decimos que «China ganó sin disparar un tiro» o que «Irán logró una victoria estratégica», debemos preguntarnos: ¿a costa de quién? La respuesta es contundente y profundamente incómoda: a costa de la vida y el bienestar de millones de personas que no tienen asiento en ninguna mesa de negociación.

El perjudicado humanitario no es un bloque geopolítico, sino un espectro amplio y diverso de la humanidad. Podemos dividirlo en tres grandes círculos concéntricos de sufrimiento:

1. El Círculo Interno: La Población Civil en Zonas de Guerra

Son los perjudicados directos, los que viven la guerra en su piel.

El pueblo ucraniano: Han soportado años de invasión, bombardeos, desplazamientos forzados y pérdidas de seres queridos. Para ellos, el debate sobre si Rusia ganó o perdió estratégicamente es un sarcasmo macabro. Su país está devastado, su demografía destruida y su futuro hipotecado por una deuda de guerra y la constante amenaza de un nuevo conflicto congelado que puede reactivarse en cualquier momento. Son el costo humano de que la OTAN se haya fortalecido.

El pueblo palestino (especialmente en Gaza): Han sufrido una campaña militar israelí de una intensidad devastadora tras los atentados del 7 de octubre. Hablamos de decenas de miles de muertos, la mayoría mujeres y niños, y una destrucción de infraestructura civil (viviendas, hospitales, escuelas) que roza lo total. Son el costo humano de que Israel busque «decapitar» a Hamás y disuadir a Irán.

El pueblo israelí: También son víctimas directas. El 7 de octubre demostró una vulnerabilidad existencial que ningún sistema de defensa (como la Cúpula de Hierro) pudo prevenir. Miles de muertos, secuestrados y desplazados internos. Viven con la angustia de los cohetes y la amenaza existencial de un frente multidimensional (Hezbolá, Irán). Son el costo humano del fracaso de la inteligencia y de la política de contención.

Las poblaciones de Líbano, Siria, Yemen e Irak: Son los «daños colaterales» de la guerra de proxies. Cada cohete de Hezbolá lanzado desde el sur de Líbano trae una respuesta israelí que arrasa aldeas. Los hutíes en Yemen, apoyados por Irán, atacan barcos en el Mar Rojo, pero quien sufre el bloqueo y la pobreza es el pueblo yemení, que ya padecía una de las peores crisis humanitarias del mundo.

2. El Círculo Intermedio: La Población Civil en la Periferia del Conflicto

Son los perjudicados indirectos, los que no tienen la guerra en su casa, pero la guerra les entra por la nevera y el bolsillo.

Los hogares más pobres de Europa y América Latina: La subida del precio del petróleo y el gas no es un dato macroeconómico abstracto. Es la familia que no puede pagar la calefacción en invierno, el transportista que no puede afrontar el costo del gasoil y tiene que subir el precio del flete, y, al final de la cadena, el alimento que llega más caro a la mesa. La «estanflación» de la que hablamos significa, en términos humanos, tener que elegir entre comer y medicarse.

Los refugiados y migrantes: Las guerras generan flujos masivos de personas. Los ucranianos que huyen a Polonia o Alemania, los sirios que buscan llegar a Europa. Esto tensiona los sistemas de acogida, alimenta discursos xenófobos y desestabiliza políticamente a los países receptores, creando un caldo de cultivo para la extrema derecha.

3. El Círculo Externo (y más olvidado): Las Víctimas del «Crimen Olvidado»

Son los que pagan el precio más alto de un sistema internacional roto.

Las víctimas del hambre en África y Asia: La guerra de Ucrania bloqueó los puertos del Mar Negro y disparó el precio de los cereales y los fertilizantes. Países como Somalia, Etiopía, Yemen o Egipto, que dependían del trigo ucraniano y ruso, se vieron abocados a una crisis alimentaria que la ONU calificó de «hambruna global». El Fondo Monetario Internacional (FMI) lo advirtió: los países más pobres son los que más sufren los shocks de precios de los alimentos y la energía. Para un niño en el Cuerno de África, el conflicto en Ucrania no es una batalla geopolítica; es la razón por la que su plato está vacío.

Conclusión: La Gran Paradoja

La reflexión final es profundamente cínica y trágica:

Los únicos que no ganan nunca son los pueblos. Los que siempre pierden son la gente común.

Mientras los líderes (Putin, Biden, Jamenei, Xi, Netanyahu) juegan su partida de ajedrez por la hegemonía global, la historia se escribe con sangre de civiles y lágrimas de madres. El mundo multipolar que emerge no es más «justo» ni más «pacífico». Es un mundo donde el poder se fragmenta, pero el sufrimiento se globaliza.

Al final del día, los conceptos de «victoria» y «derrota» que manejamos los analistas son, en el mejor de los casos, una abstracción, y en el peor, una forma de legitimar el horror.

El gran perdedor humanitario es la Humanidad misma.

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