Por CIMIENTOS PERONISTAS
La semana pasada visitó Córdoba el renombrado científico Roberto Salvarezza, ministro de Ciencia y Técnica de Cristina, y hoy apoyando a uno de nuestros candidatos para el 27. Lo hizo en el marco universitario.
Un querido compañero e importante referente del sector, fue uno de los asistentes y charló con él. Entre otras cosas, le comentó la iniciativa de Cimientos. La respuesta del hombre fué: «es por ahí».
Contamos esto no por la simple vanagloria que puede suponer ser rescatados por una notoriedad del ámbito académico y político. Por supuesto que hace que nos sintamos bien. Pero no pasa por ahí el asunto. Lo realmente gravitante es que el hombre reconoció, en nuestro trabajo, una de las consignas de Perón y del Movimiento que por no haber sido practicada terminó olvidada. Que es aquella que dice que el poder va desde abajo para arriba. La construcción política tiene que tener esa deriva para que sea conscientemente multitudinaria y paciente modeladora de sus principales dirigentes y dirigentas.
No es sencillo entender esto. Pero sí imprescindible para la salud del sentimiento nacional y popular que nos identifica. Si tradicionalmente invertimos los «tantos», es tiempo de corregir y asumir el orden natural.
Los que nacimos en pueblo chico lo experimentamos casi regularmente. Le poníamos más ojos y orejas a cualquier cosa que viniera de «la ciudad» que a la sabiduría del vecino. Una especie de verticalismo cultural de lo encumbrado. El General lo decía al final de sus días: «el obstáculo más grande para el crecimiento del Justicialismo, he sido yo». Lo expresaba, claro está, porque siempre se esperaba su palabra orientadora. Supongo que, en su caso, era comprensible por el papel que debió jugar en tiempos del nacimiento y primeras proyecciones de la idea. Pero hay que hacer caso a la lucidez de semejante reflexión a la hora de la continuidad y de la madurez.
Cimientos nació para desempolvar lo conceptual del Peronismo. Pero para atesorarlo colectivamente. Por esta razón es que insistimos en la participación que desemboque en un protagonismo creador de los mejores formatos, para llegar con esos fundamentos a quienes los ignoran. En las poblaciones pequeñas, en los barrios de las ciudades, en los lugares de producción, en los de estudio y creación, en fin, en cada sitio común. Una tarea que está reservada a los hombres y mujeres del pueblo.





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