De la libertadora a LLA

Haciendo Camino

septiembre 6, 2026

Por Nicolás Salcito

Editorial de Haciendo Camino de agosto 2026

La oligarquía vernácula nunca acepto el advenimiento del Peronismo prácticamente desde antes de su nacimiento. La multitudinaria concentración de trabajadores el 17 de octubre de 1945 para pedir la liberación el entonces coronel Perón, fue etiquetada como “un aluvión zoológico” por este sector de la ciudadanía que ostentaba su patricia naturaleza como un elemento constitutivo que le daba el derecho de adueñarse de los gobiernos para salvaguardar sus fortunas y la exclusividad de disfrutar de todas las delicias de la vida, cosa que consideraban totalmente inconducente para la clase trabajadora y los humildes de la sociedad, una verdadera aporofobia. Raúl Scalabrini Ortiz denominó a esta gesta “El subsuelo de la Patria sublevado”

Por supuesto que una forma de gobierno que se había propuesto para lograr una Patria para todos con una consigna clara de una economía libre, una sociedad justa y una política soberana, no nació espontáneamente ni tampoco estuvo exenta de errores. Fue una incorporación social de una inmensa magnitud, los beneficios de la misma fue una equiparación de derechos que se fueron incorporando paulatinamente hasta lograr una verdadera y efectiva redistribución de la riqueza en todas las clases sociales, en especial en los más necesitados.

El pleno empleo obtenido y con buenos salarios dio como resultado una expansión de la economía que permitió que la clase trabajadora accediera a elementos que nunca pudieron estar a su alcance, desde alimentos hasta artefactos domésticos, inclusive a la vivienda por medio de planes sociales que dieron seguridad y bienestar a las familias.

Por supuesto, los sectores mencionados al inicio consideraron que todas estas conquistas de los trabajadores no eran justas y perjudicaban su economía, pero especialmente su status de superioridad de clase, considerando de su propia exclusividad el disfrutar de un buen vivir.

Consecuente con esto comenzaron a horadar al gobierno nacional y popular con la misma metodología que utilizaron con el gobierno popular de don Hipólito Yrigoyen, la mentira, la calumnia y la difamación, a la cual se sumaron los medios de difusión para confundir al pueblo y ponerlo en contra de aquellos que están gobernando el país con la inclusión que nunca tuvieron en los gobiernos oligárquicos. El “se robaron todo” no se inventó hace pocos años atrás, ya en 1930 le adjudicaron a don Hipólito la apropiación de enorme cantidad de lingotes de oro que, según sus detractores, tenía escondidos en las paredes de su casa. Esta falacia hizo que vandálicamente su vivienda fuera asaltada e incendiada por la turba enardecida.

Con el gobierno de Perón ocurrió lo mismo adaptando las habladurías e infundios a la época para ir socavando el poder popular con un odio realmente vergonzante para cualquier persona de bien. Se llegó a pintar “viva el cáncer” cuando la enfermedad y la muerte se llevó a la “Abanderada de los humildes”, lema con que el pueblo reconoció su entrega total hacia los desheredados de un país que tiene la suficiente riqueza para abastecer a casi toda la humanidad.

Luego dieron aún más y comenzaron con la violencia física, bombas en lugares públicos de la ciudad con víctimas mortales en el público. Fueron incrementando sus acciones hasta llegar a lo que podríamos llamar “el Guernica argentino”, con la diferencia que aquí fueron aviones piloteados por marinos y de la fuerza aérea de nuestro propio país. Esto fue el bombardeo a Plaza de Mayo el 16 de junio de 1955.

Luego llega el golpe final, la destitución del gobierno nacional y popular, elegido por la mayoría del pueblo argentino y lo hacen con el rimbombante nombre de “Revolución Libertadora”, que para el pueblo trabajador se tradujo en la “fusiladora” luego de los hechos de José León Suárez. Con ello muchos más siempre en contra de la clase obrera.

Estos “fusiladores” tenían una propuesta precisa que se puede resumir en dos frases célebres pronunciadas por el contralmirante Rial, interventor de la CGT: “La revolución libertadora vino para que el hijo del barrendero siga siendo barrendero” y la otra, “para aniquilar al peronismo hay que destruir todas las chimeneas de las fábricas”. Simplemente con esto vemos una auto confesión de lo que realmente vinieron a hacer, dijeron terminar con el peronismo, pero que realmente lo que comenzaron a hacer fue destruir una economía pujante, una patria soberana de los intereses foráneos, un pueblo trabajador feliz y próspero que gozó de vacaciones pagas, del aguinaldo, de educación y salud gratuitos.  Esto siempre les molestó a las oligarquías que seguía con la conciencia de ser una clase privilegiada y dueña de todas estas bondades. 

Luego se alternaron en el poder mediante nuevos golpes y gobiernos constitucionales muy condicionados y con el Peronismo proscripto sin poder participar de las elecciones durante 18 años. Esos gobiernos continuaron la tarea encomendada por sus mandantes de seguir conculcando derechos a los trabajadores.

Y llegó el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional en marzo de 1976, el gobierno cívico-militar que cometió el genocidio mayor nunca visto en nuestro país con el objetivo de hacer desaparecer a todo militante del campo popular con miles de asesinados y 30.000 detenidos desaparecidos.

Con todo este bagaje de acciones no pudieron doblegar al pueblo trabajador y tuvieron que volver a sus cuarteles, concurrir a los tribunales que los juzgaron por delitos de lesa humanidad cometidos, entregando el gobierno a la civilidad, que con muchos condicionamientos pudo volver a respirar el verdadero aire democrático.

Pero al poder económico-financiero le faltó mucho para culminar la tarea que buscaban para construir un pueblo esclavizado, sin derechos de ningún tipo y que se convierta simplemente en un insumo de la producción para que los patrones ganen todo lo que quieran y el obrero reciba un salario cada vez más bajo y sin ninguna conquista social para la supervivencia.

Entonces apareció como por arte de magia, un personaje que con la figura de una motosierra planteó muy claro cuál era su plan de gobierno: terminar con lo que le faltó a la oligarquía del poder y cumplir con los postulados de la “fusiladora” para que “el hijo del barrendero siga siendo barrendero”.

Para la reflexión.

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