Por Nicolás Salcito
EDITORIAL DE HACIENDO CAMINO SETIEMBRE 2026
El título de esta nota nos muestra que en una misma fecha pero en distintos años sucedieron hechos violentos contra la clase trabajadora. Esto nos lleva a preguntarnos, ¿ha sido casualidad? Personalmente y cotejando varias medidas que perjudicaron a las clases populares durante el actual gobierno nacional, que precisamente se dieron en fechas muy caras para el pueblo trabajador, eso me hace pensar que hay como un especie de gozo sádico o satisfacción en hacer coincidir las malas noticias con fechas que fueron de alegría por conquistas que se fueron dando en nuestra historia social y laboral.
La noche de los lápices

La noche del 16 de septiembre de 1976, un operativo conjunto de la policía bonaerense comandada por Ramón Camps y el Batallón 601 del Servicio de Inteligencia del Ejército realizó uno de los operativos más numeroso al secuestrar de sus casas a estudiantes secundarios de la Escuela Normal Nº 3 de la Plata, que tenían entre 14 y 17 años. La mayoría integraba la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), una agrupación que en la década del 70 estaba ligada a la organización Montoneros, y permanecen desaparecidos. Claudio De Acha, María Clara Ciocchini, María Claudia Falcone, Francisco López Muntaner, Daniel Racero y Horacio Ungaro fueron las víctimas de esa primera jornada de acción criminal.
Un día después de esa trágica noche, el 17 de septiembre, un grupo de represores encapuchados se llevaron de sus casas a Emilce Moler y a Patricia Miranda, que estudiaban en el Colegio de Bellas Artes de La Plata. Pablo Díaz, que estudiaba en el Normal 3 de La Plata y formaba parte de la Juventud Guevarista, fue secuestrado el 21 de septiembre. Esta sucesión de hechos es conocida como «Noche de los Lápices».
Durante su secuestro, los jóvenes fueron sometidos a torturas y vejámenes en distintos centros clandestinos, entre ellos el Pozo de Arana, el Pozo de Banfield, la Brigada de Investigaciones de Quilmes y la Brigada de Avellaneda. Seis de ellos continúan desaparecidos (Francisco, María Claudia, Claudio, Horacio Daniel y María Clara) y sólo cuatro pudieron sobrevivir: Pablo Díaz, Gustavo Calotti, Emilce Moler y Patricia Miranda.
La mayoría de los jóvenes tenían militancia política. Muchos habían participado, durante la primavera de 1975, en las movilizaciones que reclamaban el BES (Boleto Estudiantil Secundario), un beneficio conseguido durante aquel gobierno democrático y que el gobierno militar de la provincia fue quitando de a poco –subiendo paulatinamente el precio del boleto- a partir del golpe del 24 de marzo de 1976. Por otro lado, buena parte de los estudiantes integraba la UES (Unión de Estudiantes Secundarios) y la Juventud Guevarista, entre otras organizaciones.
La fecha de La noche de los Lápices permite condenar al terrorismo de Estado y es una invitación a recordar la vida de aquellos jóvenes que lucharon y participaron para construir un futuro mejor.
En recuerdo de los estudiantes víctimas del terrorismo de Estado de la última dictadura militar, el 16 de septiembre se instituyó en el calendario escolar como el «Día de los Derechos de los Estudiantes Secundarios». El objetivo principal de dicha declaración es promover que en este día se reflexione en relación al tema «Democracia y DDHH» y se promuevan actividades recordatorias en todos los establecimientos del sistema educativo.
Hipólito Atilio López

El 16 de septiembre de 1974 el dirigente sindical y ex vicegobernador de Córdoba, Atilio López, era cobardemente asesinado por los sicarios de la Triple A. Lo acribillaron con 132 disparos incrustados en el cuerpo de un hombre digno y honorable, condenado por su lucha consecuente a favor de la causa nacional y popular. Lo acompañaba en la ocasión el contador Juan José Varas, también asesinado por la mano de obra ocupada del Lopezreguismo.
Tanta furia criminal sólo se explica en la necesidad de instalar el terror como política de subordinación a la estrategia de los grupos de poder que aguardaban agazapados el momento oportuno para terminar con el gobierno títere de Isabel y López Rega.
El asesinato se produjo el día en el que se recordaba el decimonoveno aniversario de la “Revolución Fusiladora”, que derrocó a Perón y dio inicio a 18 años de proscripción del peronismo.
Su padre era empleado en la sastrería de la Cárcel de Encausados y su madre ama de casa. Le pusieron Hipólito como primer nombre en honor al presidente Irigoyen y porque compartían el ideario de la UCR. Abandonó la escuela primaria para dedicarse al trabajo y al deporte. A los 15 años ingresó como cadete en una fábrica de galletitas. En forma simultánea continúa compitiendo en 100 y 200 metros llanos, especialidad en la que, incluso, llegó a ser campeón argentino. A los 21 años ingresa como chofer a la empresa de transporte automotor CATA.
Carismático, inteligente y decidido, fue elegido delegado sindical en la Unión Tranviarios Automotor (UTA), la gloriosa UTA cordobesa, una organización que estaba en las antípodas del degradado, corrupto y burocratizado aparato actual, que viene retrocediendo sistemáticamente en todo el país a manos de una organización de nuevo tipo, la Unión de Conductores de la República Argentina (UCRA-CTA). A los 27 años, Atilio ya era Secretario General de UTA. Ocupó igual cargo en la CGT de Córdoba que se distinguía por ser pluralista y antiverticalista.
El “Negro” Atilio ganó la consideración de los trabajadores cuando, actuando en el peronismo de la resistencia a poco de la caída de Perón en 1955, dirigió la primera huelga en el período de la autoproclamada “Revolución Libertadora”, enarbolando los programas obreros aprobados en Huerta Grande y La Falda. Histórico dirigente de la UTA y de la combativa CGT Córdoba, lideró en 1969 junto a Agustín Tosco, Elpidio Torres y Héctor “La Perra” Castro la gesta del “Cordobazo” que provocó la caída del dictador Juan Carlos Onganía.
En 1973 el voto popular lo consagró Vicegobernador de la provincia, como compañero de fórmula de Ricardo Obregón Cano.
Las clases acomodadas gastaron ríos de bromas por la forma de hablar del “Negro”, por sus modales y su estilo de vida llano, franco, de pueblo. Como si los trabajadores no supiéramos distinguir gato de liebre: Al país lo fundieron los doctores con posgrado en Harvard, no los laburantes que se comen las “s”.
El otro bombardeo

El 16 de septiembre de 1955, mientras la autodenominada Revolución Libertadora derrocaba a Juan Domingo Perón, entre cuarenta y sesenta aviones bombardearon la Isla Santiago y el barrio Campamento, en Ensenada. En esos ataques murió Rodolfo “Cholo” Ortíz, un militante peronista que decidió quedarse en su casa para apoyar a la resistencia. Rodolfo “Flaco” Ortíz, su hijo, reconstruyó la historia de esos días, ocultada durante muchos años al punto que se llegó a dudar de su misma existencia.
“Se intentó que el Golpe del 55 pasara a la historia como un golpe sin violencia, sin muertos y como que el gobierno democrático de Perón había caído por su propio peso. Es por eso que los murales del Museo a Cielo Abierto son parte de una política de Estado de visibilizar que eso no fue así, de mantener la memoria viva de esa tragedia”, cuenta hoy Esteban Bravo, director de Cultura de la Municipalidad de Ensenada, que reconoce un resguardo especial del Sitio de Memoria ante amenazas recientes a raíz del atentado contra la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner.
Para la reflexión.
Fuentes:
Educación y Memoria / Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos (ex ESMA) / Buenos Aires Provincia
Juan Carlos Giuliani – CTA Autónoma





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